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 Entre las piezas de su exposición permanente, el Museo de Arte Colonial atesora, distribuida por varios de sus salones, una colección de biscuit, perteneciente a la etapa decimonónica.
Son piezas realizadas en manufacturas francesas, alemanas y españolas que tipifican magníficamente esta técnica cerámica, aportando además un amplio espectro de temáticas.

 La denominación biscuit o (bizcocho) —que, en términos cerámicos, abarca toda aquella pieza de barro blanco que ha recibido una sola cocción— comienza a utilizarse como elemento decorativo alrededor de 1751, gracias a la intervención del pintor y adornista francés Jean Jacques Bachelier (1724-1805), quien trabajó activamente en las manufacturas de Vincennes y Sévres entre 1748 y 1793.
Bachelier advierte las posibilidades estéticas de este material opaco, cuya apariencia recuerda el mármol, y comienza a dejar sin vidriar esculturas, medallones y bajorrelieves, exquisitamente modelados, que fueron aceptados con entusiasmo por el público. La creciente demanda involucró luego en la producción a casi todas las grandes fábricas de porcelana del Viejo Continente. En la exhibición del Museo de Arte Colonial pudieron apreciarse desde las iniciales piezas de biscuit blanco —que evidencian el gusto por motivos inspirados en la Antigüedad Clásica— hasta los delicados biscuit policromados en tonos pastel, cuya elaboración se inicia en el siglo XIX, los cuales prefieren recrear escenas bucólicas y cortesanas, personajes fantásticos o pasajes cotidianos.
Esta moda predominó a partir de la segunda mitad del siglo XVIII y durante el siglo XIX, extendiéndose por toda Europa y llegando a las colonias de ultramar.
Según testimonia la prensa de la época, en La Habana existían establecimientos como «El Buen Gusto de París» y «Los Precios Fijos» en la ppulosa calle Obispo o el almacén «El Palo Gordo» en la calle Muralla, donde la pujante aristocracia criolla podía desde realizar costosos encargos para que este tipo de objetos fueran especialmente traídos del otro lado del mundo, hasta beneficiarse con el remate de muchos de ellos, a módicos precios.