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 Acerca de una de las «modalidades con que se manifiesta en nuestra época el delirio de figurao que adorna a hombres y mujeres».
El automóvil es hoy en día el símbolo del poderío económico de los individuos.

Entre las mil y una modalidades con que se manifiesta en nuestra época el delirio de figurao que adorna a hombres y mujeres, «desde el helado hasta el ardiente polo», es una de las más socorridas, pintorescas e interesantes el «tener carro» o «correr máquina».
 El automóvil es hoy en día el símbolo del poderío económico de los individuos. «Fulano debe estar muy bien de dinero –ímos decir– porque se gasta la gran máquina». «Mira si Mengano está bien, que tiene máquina y todo».
Los que no tenemos automóvil, viéndonos por ello obligado a ir a pie, en tranvía o en guagua, somos unos infelices desheredados de la suerte, sin inteligencia ni listura para vivir cómoda y regaladamente... ¡unos pobres diablos!
En cambio, al que tiene máquina, se le mira ya, por eso, con respeto y consideración, como persona no como gente, como persona que merece ser colocada en un rango especial porque ha sabido abrirse paso en la vida.
Así juzga la sociedad moderna a los hombres, dividiéndolos en dos grandes grupos: los que poseen máquina y los que no la tienen.
Y dentro del grupo selecto de los que poseen automóvil, existen, desde luego, numerosas categorías, según la calidad del carro o la cantidad de carros de que sea dueño.
Ser dueño de un carro es la suprema aspiración, actualmente, de millones de hombres, de todos aquellos que aunque no lo confiesen públicamente, saben de sobra que por sí mismos, por sus condiciones intelectuales o morales, nada son ni serán, ni nada valen, y necesitan algún adminículo que los eleve sobre su propia mediocridad, sobre su propio cretinismo.
Algunos buscan en las carreras académicas o en puestos públicos ese adminículo para elevarse, camouflageando a los demás. De ahí el alto aprecio por los títulos universitarios –, Licenciado–, o por escalar un puesto en las oficinas del Estado, Provincias, Municipios o Distrito Central, o en oficinas privadas, puesto que siempre, a los efectos del figurao, es un «alto cargo» o un «cargo de confianza», aunque se trate de una simple plaza de escribiente.
Otros acuden a los títulos de nobleza o a las condecoraciones, para lograr el adminículo elevativo, de que antes hablábamos.
Pero el adminículo preferido por estar más al alcance de cualquier títere y simbolizar mejor el poderío económico, es el automóvil.
¡Los trabajos, las ingeniosidades y las maquinaciones que significa para tanto pobre diablo el llegar a adquirir un automóvil!
Y no decimos el llegar a ser dueño de un automóvil, porque esto no siempre resulta cierto en la práctica, ya que el automóvil que corren estos sujetos con delirio de figurao, no es realmente propiedad suya, sino posesión, es decir, que disfrutan el carro, pero no lo poseen. Nos explicaremos. El automóvil para estos títeres, es adquirido siempre a plazos, lo más largo posible, a veces tan largos que nunca se acaban de pagar. El negocio para ellos – para el vendedor, desde luego– es tener la máquina, correrla, exhibirla, figurearla. El problema del pago solo les interesa en la cantidad primera, que indispensablemente han de dar para que les entreguen la máquina. Después ya se valdrán de toda clase de artimañas para demorar o no pagar los plazos. Ya última hora acudirán al auxilio de un señor abogado, que para ésta y otras sinvergüencerías nunca falta.
Poseyendo de hecho – no en realidad de derecho–, la máquina, está resuelto el problema... casa, comida, ropa... todo importa poco. La vida de estos títeres se consagra por completo a conservar y exhibir el carro. La gasolina la sablean en garajes amigos. Del almuerzo y comida no hay que hablar, pues con pegarle la gorra cada día a una familia conocida, está resuelto el problema, y el día que falla la combinación, pues se apuntalan el estómago con un vaso de leche o café con leche y un sube y baja o un pastelito o un pan con timba.
Dinero en el bolsillo no hace falta, pues teniendo automóvil no ha de suponerse que se está en la prángana; y se llena perfectamente el expediente en los casos apurados dejando que pague el compañero y amigo o el respetable padre de familia al que se le ha dado el caretazo de invitarlo a ir en «mi» carro.
La casa tampoco es asunto de cuidado. Con pagar un mes o buscar un amigo fiador, todo está resuelto. Hoy los caseros son extremadamente indulgentes y con mano izquierda, habilidad y... frescura, se puede vivir gratis cerca de un año en cualquier casa o habitación. Además, ¿para qué existen en el mundo los abogados sino para defender y dirigir estos y otros muchos asuntos...
¿Cuál es el final de estos títeres enfermos de delirio de figurao?
Pues, como nunca falta un roto para un descosido, suele ocurrir que encuentren en su camino alguna pepillita, tan tonta como ellos, y tan enferma como ellos de delirio de figurao y con un padre «adornado» con igual dolencia, al que no faltará su inevitableautomóvil, y entonces... automóvil + automóvil = figurao + figurao = bobada. Una de esas «bobadas de distinción», en que el novio al convertirse en marido, encuentra que el suegro le da casa, comida, ropa limpia y... mujer, todo «gratis et amore»; desde luego, conservando siempre el títere «su» máquina, el automóvil del figurao.