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Este hallazgo implica que se rectifique el momento de la introducción de la imprenta en la Isla, a la par que suscita nuevas interrogantes sobre el arte de imprimir en La Habana.

El hallazgo de otro impreso de Carlos Habré cambia la historia de la imprenta en Cuba.

Hace algunos años investigué sobre la figura y los impresos de mi viejo conciudadano y colega tipógrafo Carlos Habré, primer impresor de Cuba. Resultó en una novela histórica y un extenso artículo, el cual terminé con esta frase: «La bibliografía cubana actual consigna la Tarifa... de Carlos Habré como el primer impreso de Cuba, mientras no se demuestre lo contrario». ¿A quién se le hubiera ocurrido entonces que un año y medio después de la publicación podría demostrar efectivamente lo contrario?1
Este artículo se propone dar a conocer al público cubano una serie de datos bibliográficos sobre Novena en devoción, y gloria de N. P. San Agustín, el impreso más temprano de Carlos Habré. Además, quisiera reconsiderar algunas ideas que pueden arrojar nueva luz sobre la introducción de la imprenta en Cuba y su protagonista.

LIBRO DE ORACIONES

Novena... pertenece desde hace ya muchos años a los fondos históricos de la Biblioteca Nacional de Madrid, pero sólo recientemente fue integrado en el catálogo automatizado, gracias a lo cual apareció en Internet.2 Sobre su procedencia nada se puede aclarar. La obra en sí carece de algún sello que nos pueda orientar. No se trata de un impreso «perdido», porque hasta donde sé no figura en obra alguna de referencia cubana. Además, simplemente no se sabía que Carlos Habré lo había impreso. Hasta muy recientemente pasó inadvertido a los bibliógrafos.3
Según el pie de imprenta de Novena..., es una reimpresión, hecha en La Habana, en la casa de Carlos Habré, en la calle San Agustín. El libro tiene el formato en cuarto (4°) y consta de 45 páginas impresas (incluida la portada). Hay una numeración a la cabeza de las páginas, además de reclamos y signaturas, según las costumbres de la época. Tres páginas llevan un pequeño ornamento: una serie de pequeños florones del mismo tipo. El tipo de letra de Novena... es romano, de la familia «garalde» y tiene un cuerpo más grande si lo comparamos con los tipos de las obras posteriores de Habré. El libro fue impreso en «formas», o sea, en conjuntos de una serie de páginas a la vez. En el margen de las páginas 14 y 15 hay un pequeño comentario, escrito en tinta. Actualmente el libro está encuadernado en pasta.
Novena... es un libro de oraciones. Después de la portada aparece una dedicatoria (cuatro páginas) de Carlos Habré, dirigida al Ilustrísimo Don Gerónimo Valdés, obispo de Cuba, fechada el 13 de enero de 1722. Además, hay una introducción de cinco páginas. Siguen once oraciones, compuestas por F. J. S. B., religioso de la Orden de los ermitaños del Convento de San Agustín, como puede leerse en la portada. En la última página hay un Oremus y un colofón en que se repiten los datos del pie de imprenta de la portada.

NUEVAS EVIDENCIAS

El impreso de Carlos Habré más conocido en la historiografía cubana es Tarifa general de precios de medicinas, de 1723, folleto hecho por encargo del Protomedicato de La Habana al que ya nos referimos. Durante un siglo, desde la publicación del artículo «Una joya bibliográfica», de Manuel Pérez Beato, en El Curioso Americano, Tarifa... había sido considerado el primer impreso de la Isla. Basados en documentos y datos confusos, algunos bibliógrafos cubanos opinaban que la introducción de la imprenta podía ser anterior, pero nunca habían logrado comprobarlo. Ahora sí podemos. Novena... lleva la fecha de 1722.
En el pie de imprenta de otro impreso suyo, Rúbricas generales del Breviario Romano, de 1727, Habré nos informa que tiene su casa-taller cerca de la iglesia del Espíritu Santo, en las actuales calles de Cuba y Acosta. Novena... proporciona información sobre la ubicación de otra casa-taller de Habré. En su pie de imprenta leemos: «en cafa de Carlos Habre, calle San Agustín». Esa calle no puede ser otra que la actual Amargura.4 En aquella época formaba parte de la parroquia mayor que, según un plano de Juan de Síscara de 1691, se extendía no más allá de la actual calle Muralla. Además Habré se casó en 1720, en la iglesia de esta parroquia. Todo indica que el impresor se mudó hacia la parte sur de la ciudad entre 1722 y 1727.
La dedicatoria de Novena... es del propio Habré, feliz coincidencia que nos permite vislumbrar su lenguaje y aprender algo sobre su formación. En ella solicita mecenas y rinde homenaje a su cliente, el Ilustrísimo Don Gerónimo Valdés. Enumera las realizaciones del prelado, entre otras, la fundación del Colegio y Seminario y del hospital San Isidro. Al final de su enumeración, escribe: «No digo otras muchas obras de V.S. ILLma. porque su modestia las quiere tener ocultas, huyendo los aplausos del mundo, aunque bien notorio es, que no pueden esconderse, por ser tantas, y no capaces de ignorarse, y no caben en tan cortísimo campo: explícome en otro idioma, para que V.S. ILLma. no se ofenda, ni yo parezca lisonjero. Nec mala voce mea potuerunt tua cuncta referri, Ora licet tribuas multiplicata mihi, Et laudes libare tuas: nam dicere cunctas, Hoc erit Oceanum attingere velle manu».5 Y Habré termina su prólogo de la manera habitual para la época: «Efta a los pies de V. S. ILLma fu mas humilde Criado, Carlos Habre».
Los impresos de Habré que conocíamos antes de la sorpresiva aparición de Novena... se caracterizan por una serie de imperfecciones ortográficas y tipográficas. En Tarifa..., un folleto impreso hoja a hoja, falta la paginación y hay desigualdad en el espaciado y la alineación de las reglas. En Rúbricas..., libro impreso en pliegos, es aún más grande el uso inconsecuente e inadecuado de acentos. A falta de tipos con la letra «ñ», Habré se las arregló con la letra «n» combinada con un acento grave o agudo.6
Novena... carece de muchas imperfecciones que sí encontramos en los impresos posteriores. La impresión es bastante limpia y está técnicamente mejor logrado. En la portada se ve que Habré recurre a pequeñas letras mayúsculas «R» y «H» para remediar la falta de tipos adecuados, y en muchas páginas se ven varias letras en itálica (cursiva), mezcladas con las romanas, pero nada de esto se puede comparar con la «contradanza» de vocales acentuadas con acento grave, agudo, crema y circunflejo que caracteriza los impresos posteriores. La diferencia más llamativa es la presencia de la «ñ» española, con tilde.

NUEVAS PREGUNTAS

Una pregunta inmediata es cómo podríamos explicar la diferencia entre Novena...—obra impresa en 1722  de manera más acabada en sus aspectos ortográficos y tipográficos— y los impresos realizados más tarde (en otra casa-taller), que muestran una serie de imperfecciones y que se caracterizan por una dejadez que no pasó inadvertida a los clientes del impresor.
Aparentemente Habré disponía en su taller en la calle San Agustín de unas cajas de letras con tipos españoles y menos gastados, mientras que en el taller cercano a la iglesia de Espíritu Santo sólo tenía a su alcance tipos de otro origen, además de sufrir una gran escasez de letras. ¿A dónde fue a parar el material tipográfico del primer taller? ¿Acaso sufrió su primera morada un incendio, por lo que el impresor perdió su equipo? No lo sabemos.
¿Hizo Carlos Habré un reimpreso de Novena...? Si así fue, ¿en que consistía? No es posible detectar los parecidos ni las diferencias en la composición, mientras no dispongamos de un ejemplar de una impresión o edición anterior. Por regla general, la reimpresión de un libro consistía en rehacer la composición básica a partir de un ejemplar modelo de la impresión anterior, además de adaptar los datos de identificación. Novena... de Habré requirió, en cualquier caso, la actualización del pie de imprenta en la portada y el colofón, pie que incluye el nombre del impresor, el lugar y la fecha de la reimpresión. Y, además, hizo falta añadir la composición de las cuatro páginas con su dedicatoria.7
¿Dónde se realizó la primera impresión de Novena...? Sólo es posible especular. En el período anterior a la introducción de la imprenta en Cuba, e incluso en los años en que funcionaba ya la imprenta de Habré, fueron enviados al cercano México (donde ya proliferaban esta clase de talleres) —y a la lejana España— una serie de manuscritos de autores que residían en la Isla. Por consiguiente, no es de extrañar que un libro de oraciones, como Novena..., cuya redacción se hubiera realizado en La Habana por encargo del obispo de Cuba, conociera su primera impresión fuera de este país, aunque podría asombrarnos que el impresor extranjero dejara pasar la ocasión de realizar él mismo la reimpresión. La decisión de hacer reimprimir un libro en La Habana, donde la imprenta apenas se había iniciado, aboga a favor de Carlos Habré, quien debía gozar de la confianza necesaria para obtener la licencia, así como disponer de un equipo de imprenta adecuado para llevar a buen término la encomienda.

CONCLUSIÓN

Sin duda hay que considerar la aparición de Novena... como un hecho importante. La consecuencia más significativa es que debemos rectificar el momento de la introducción de la imprenta en Cuba. Ya no es Tarifa... el más antiguo impreso conocido, sino Novena en devoción y gloria de N. P. San Agustín, de 1722.
Novena... nos obliga también a modificar un tanto la imagen de Carlos Habré que teníamos antes. Puede ser un indicio de que en 1722 no era, como creíamos, un impresor desafortunado que brega con una gran escasez de tipos y que no logra un nivel tipográfico adecuado. Tiene entonces su taller en una calle que cruzaba el corazón de la ciudad. Y entre sus clientes cuenta con el representante de más alta jerarquía de la Iglesia. Y Habré tiene la formación requerida y goza de suficiente respeto para que se le permita imprimir un libro y añadir una dedicatoria suya.
Novena... suscita muchas nuevas preguntas. Después de confrontarnos con su misteriosa «ñ», mi viejo conciudadano nos ha sorprendido con enigmas de otra índole, que abre nuevos caminos para la investigación bibliográfica cubana.*

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1La versión original, en neerlandés, de la novela Aangeblazen goud salió de la prensa en 2008. El artículo «Carlos Habré, un impresor de Gante en La Habana» apareció en Opus Habana (Vol. XI, No.3, mayo/agosto 2008).
2Agradezco a Ken Ward, quien llamó mi atención sobre Novena... Ken es Curator of Latin American Books en la Biblioteca John Carter Brown, Providence, RI. Investiga sobre el segundo impresor de Cuba, Francisco José de Paula.
3He sabido que un joven cubano también descubrió Novena... en Internet y da cuenta del hallazgo en un artículo que será publicado en la Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, de La Habana.
4Según Manuel Pérez Beato, la calle se llamó del Humilladero, por el que se puso en el lugar que ocupa actualmente la iglesia del Cristo. Después se dijo de las Cruces y también de la Cruz Verde, por la que aún existe en la esquina de la calle Mercaderes. También se dijo de San Agustín, por el convento de ese nombre. Agradezco a Arturo Pedroso Alés por la información.
5«No podrían ser contados todos tus sufrimientos por mi voz/ Ni siquiera si me dieras bocas multiplicadas./ Y enumerar todas sus gloriosas realizaciones/ Sería como querer sostener el océano con  una mano». La traducción es libre. Habré tomó los dos primeros versos del poema «Ibis», de Ovidio. Es sumamente probable que los otros se deban a este mismo autor. El término Oceanum attingere aparece en De Bello Gallito, de Julio César, y se refiere específicamente al pueblo que habitaba la región de la actual Flandes, limítrofe (attingere es tocar) con el Mar del Norte (Oceanum). Tal vez le hayan servido a Habré para aludir a su región de origen.
6En mi artículo anterior en Opus Habana (véase nota 1), bajo el subtítulo «la misteriosa ñ de Habré», llego a la conclusión de que Habré sustituyó la «ñ» por la letra «n» con un acento grave o agudo suelto.
7La signatura divergente (con el signo ¶) revela que la dedicatoria de Habré forma parte de las páginas preliminares y no de la composición básica.

*El autor agradece a Ambrosio Fornet, Pablo Fornet, Arturo Pedroso Alés, Marina Garone Gracier, Frans A. Janssen, P. J. Verkruijsse, Erik Geleijns, Rita De Maeseneer, Elianne Demetter, Pol Grymonprez y los colaboradores de la Oficina de Reprografía de la Biblioteca Nacional de Madrid toda la ayuda prestada para la elaboración de este artículo: suministro de informaciones, redacción, envío de fotocopias, traducción y, sobre todo, su disposición a darle algunas vueltas al asunto del nuevo primer impreso de Cuba.
El equipo editorial de Opus Habana agradece, por su parte, a José Herrera Lugo y su esposa Leslyn Rivero por la información suministrada sobre la historia de la imprenta, incluidas las imágenes aquí reproducidas de L’Encyclopédie..., de Diderot et D’Alembert, y el Museo de la Imprenta, en Lyon, Francia.

Huib Billiet Adriaansen
Iinvestigador y novelista belga

Gracias a L’Encyclopédie ou dictionnaire raisonné des sciences de Diderot y d‘Alembert (París, 1753-1767), puede saberse cómo funcionaba una imprenta del siglo XVIII. En la lámina superior izquierda aparece la actividad de composición tipográfica, en la cual se emplean diversos utensilios (segunda imagen a la izquierda). Una vez compuestas, las líneas de texto eran transferidas del componedor a las galeras para hacer los moldes de las páginas con destino a la prensa de imprimir (lámina inferior izquierda). En la foto, tomada en el Museo de la Imprenta de Lyon, Francia, la joven acciona la barra que mueve el husillo para ejercer presión sobre el molde entintado y el papel.