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La investigación arqueológica realizada en el Oratorio San Felipe Neri, ubicado en la esquina de las calles Aguiar y Obrapía, tuvo como objetivo la localización de estructuras asociadas a las costumbres funerarias en esta emblemática iglesia habanera construida en el siglo XVII.

El peritaje de los items arqueológicos hallados durante esta compleja intervención, permitió identificar las etapas constructivas del sitio. La evidencia más significativa en este estudio fue el hallazgo de la piedra fundacional del Oratorio San Felipe Neri...

Resumen:
La investigación arqueológica realizada en el Oratorio San Felipe Neri ubicado en la esquina de las calles Aguiar y Obrapía, tuvo como objetivo la localización de estructuras asociadas a las costumbres funerarias en esta emblemática iglesia habanera construida en el siglo XVII.
El peritaje de los items arqueológicos hallados durante esta compleja intervención, permitió identificar las etapas constructivas del sitio. La evidencia más significativa en este  estudio fue el hallazgo de la Piedra Fundacional del Oratorio San Felipe Neri, situada en el eje axial de la nave central, próxima a los restos del ábside de la primitiva iglesia.
Reseña histórica

San Felipe Neri, nace en Florencia, Italia, en 1515, hijo del notario Francesco y Lucrecia Neri, de joven marchó a Roma donde se consagró al estudio de las ciencias eclesiásticas, el tiempo que sus estudios le dejaban libre lo dedicaba a la educación de los niños y el cuidado de los enfermos. Cursó estudios en Filosofía y Teología en la Sapienza y en Sant´Agostino.
En 1548, Felipe con la ayuda del padre Persiano Rossa, funda la Confraternidad de la Santísima Trinidad, comunidad de seglares dedicada a ayudar a peregrinos, enfermos y pobres. Sus oficios informales con himnos y oraciones en lengua vernácula llegaron a ser tan populares en la comunidad eclesiástica que se construye un recinto especial en la nave de la iglesia para estos propósitos. De esta manera, el oratorio se convierte en el centro de sus actividades, donde se incluía música religiosa, de ahí el término «oratorio».


Siendo rector de la iglesia de San Giovanni, en 1575, funda un nuevo oratorio del que surgió la congregación de los Oratorianos con clérigos seculares que viven en comunidad, pero sin votos. La cofradía floreció a la sombra del Vaticano hasta 1612, cuando el papa Pablo V reconoce  sus constituciones. El santo padre Gregorio XV lo canonizó en 1622.
En 1666, el obispo Juan de Santo Matia Sáenz de Mañozca y Murillo funda en la Parroquial Mayor de La Habana la Congregación de los Oratorianos. En 1672, se trasladan a la iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje, donde radicaron hasta el 13 de noviembre de 1693, cuando se les fabricó el nuevo templo, ubicado en la esquina de las calles de la Obrapía y Aguiar, a expensas del Lic. don Francisco de Sotolongo cura beneficiado de las parroquiales de esta ciudad, en unos terrenos donde existían unas viviendas que había heredado de sus padres.
Sobre la obra edificada y el refinamiento de su interior encontramos una descripción en La Visita Eclesiástica del obispo Morell de Santa Cruz de 1755, en la que dice: «...es un cañón con su crucero de cañería y tejas: corre de Poniente a Oriente, y se extiende 37 ½ varas de longitud sobre 10 de latitud y media más de altitud. Lo anterior está aseado y los laterales que son cinco con bastante decencia. El púlpito es primoroso: reduce a una labor sobredorada con varios serafines y pinturas que imitan perfectamente a unos finos esmaltes. En el coro que es alto ay un órgano pequeño de ricas voces. La sacristía que da al lado del Evangelio, consta de cinco varas de alto, seis 1/3 de ancho y trece 1/3 de largo con sus cajonerías y alhajas apreciables. La torre es proporcionada.
La iglesia y convento de San Felipe Neri estuvo ocupada por los padres oratorianos hasta la toma de La Habana por los ingleses en 1762, cuando se vieron precisados a abandonarla, pues allí se acuartelaron tropas inglesas que llegaron a solicitar permiso al Obispo para realizar sus cultos protestantes. Una vez devuelta La Habana a España, los padres oratorianos no volvieron a ocupar el templo, dejaron un síndico que administraba las rentas y capellanías.
En septiembre de 1776 comienzan los trabajos de demolición de la antigua Parroquial Mayor de La Habana, trasladándose sus funciones con carácter provisional al Oratorio de San Felipe Neri hasta diciembre de 1777, cuando les fue cedida la Iglesia de la Plaza de la Ciénaga, abandonada por los Jesuitas luego de su expulsión de Cuba. De acuerdo con la precaria situación de la Parroquial Mayor, y su traslado inminente; se comienzan a realizar sus enterramientos en distintos templos de La Habana, siendo la iglesia de San Felipe Neri el sitio con mayor número de inhumaciones (406) registradas desde el 27 de octubre de 1775 hasta 1783.
El 24 de abril de 1781, el obispo de Cuba don Santiago José Echevarria solicita, en carta al Ministro de Indias José Gálvez, la fundación de un colegio de Misioneros Capuchinos en Cuba, ofreciendo para ello el convento de San Felipe Neri, desocupado por sus antiguos propietarios desde 1762, y con capacidad para albergar a un buen número de religiosos. El establecimiento de dicho colegio se prolonga hasta 1781 cuando España reconquista La Florida, cobertura aprovechada por el rey Carlos III para decretar el establecimiento de estos misioneros en Cuba que, debían atender también a los habitantes de La Luisiana y La Florida.
El 12 de junio de 1784, arriban a La Habana 29 religiosos de la Orden de los Capuchinos. Ante el asombro y admiración de todos marcharon con sus estandartes y crucifijos hacia el Oratorio de San Felipe Neri, donde comienzan a llevar una vida conventual y de dedicación religiosa. A su llegada debieron encontrar la iglesia y convento lujosos para su estilo de vida pobre y austera, pero también faltos de otras cosas necesarias para llevar en ellos la regular observancia; teniendo que hacer algunas adaptaciones cuando el planeado convento a estilo de la orden y en as afueras de la ciudad no llegó a realizarse. Sobre estas transformaciones podemos hallar indicios examinando las obras de José Martín Félix de Arrate y J. Antonio Valdés, el primero describe este templo «como un crucero mediano», mientras que Valdés dice que «...se le agregaron dos naves sobre arcos y columnas...».
En España, los liberales ascienden al poder en 1820, e imponen la Constitución de la Corte de Cádiz, donde se dictan severas leyes contra las órdenes religiosas. El 12 de mayo de 1821, el ilustre obispo de la Diócesis de La Habana, Mons. Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa, informa al capitán general don Nicolás Mahy, sobre las disposiciones dictadas y el cumplimiento de estas. Comienza desde entonces la primera exclaustración de las órdenes religiosas en Cuba que llegó hasta 1823 cuando el rey Fernando VII asume nuevamente el poder absoluto y ordena que se le devuelvan los conventos y sus bienes a sus legítimos dueños.
En este período los padres capuchinos permanecieron en su querido San Felipe, a pesar de las presiones hechas por el obispo Mons. Espada, quien escribe al Vice Real Patrono, solicitando se abrevie la estancia de estos religiosos en Cuba.
A la muerte de Fernando VII (1833), la reina María Cristina mantiene el trono, pero el poder efectivo era de los liberales y constitucionalistas que, entre 1836 y 1837 suspenden las órdenes religiosas, confiscando sus bienes y conventos.
En 1839 llega a Cuba una comisión regia con el objetivo de inspeccionar e inventariar el número de conventos y religiosos existentes en la Isla, y en 1841 se comienzan a aplicar las leyes para suspender las órdenes religiosas y la confiscación de sus bienes (segunda y definitiva exclaustración). De 19 conventos que había en toda la isla, quedaron 8, uno por cada orden religiosa que existía.
Ante la persecución desatada y la experiencia vivida durante la primera exclaustración, muchos religiosos se acogieron al indulto de secularización. La iglesia de San Felipe Neri quedó abierta al culto, atendida por grupos de sacerdotes secularizados o congregados de la Orden de los Capuchinos.
El 26 de abril de 1887, la Congregación de los Padres Carmelitas Descalzos se hacen cargo de la iglesia y el convento. En 1895 el reverendo fraile José Agustín, vicario de esa comunidad, emprende la reconstrucción de ambas edificaciones, que ya en 1923, describían: «Este hermoso templo tiene 42 metros de largo por 17 de ancho».
«Consta de tres naves. Su fachada fue reedificada en la primera década de este siglo. Cuando tomaron posesión de ella los Padres Carmelitas era sumamente pequeña, oscura, con techo de madera y de muy mal gusto, pero los hijos del Carmelo han trabajado sin tregua en su fábrica y ornamentación, hasta ponerla en el floreciente estado que hoy vemos, llegando a ser uno de los templo más bellos y concurridos de la urbe capitalina».
En 1924, los Padres Carmelitas venden la iglesia de San Felipe al Banco del Comercio S.A. por la suma de $ 268 000. El 20 de julio de ese año ofician una misa rezada anunciando el fin de su permanencia en el oratorio, y su traslado a la nueva parroquia de Nuestra Señora del Carmen, ubicada en la calle Infanta esquina Neptuno.
Desde agosto de 1926 hasta abril de 1928, se realizaron trabajos de readecuación en el Oratorio de San Felipe Neri bajo la dirección del señor Manuel Couto, con el objetivo de adaptar la antigua edificación de carácter religioso a sede del Banco de Comercio S.A. En estas obras se elimina la torre campanario, se hace la caja fuerte en el lugar que ocupaba el presbiterio, así como baños y oficinas que obligan a readecuar espacios internos. En 1952, esta institución se fusiona con The Trust Company of Cuba, quedando desde entonces como sucursal bancaria.Al nacionalizarse la banca por el gobierno revolucionario cubano, el edificio correspondiente a la Iglesia albergó una sucursal del Banco Nacional y la Casa de Acuñación de la Moneda de Cuba, hasta finales de la década del ochenta.
A partir del año 2003 el Oratorio de San Felipe Neri abrió sus puertas como sala de concierto del arte lírico luego de haber sido rehabilitado arquitectónicamente por la Oficina del Historiador de la Ciudad.
Intervención arqueológica

Precedidos por los trabajos de rehabilitación y teniendo en cuenta los valores arquitectónicos que imposibilitarían un estudio extensivo del inmueble, donde se incluyera de manera unitaria la obra edificada y el yacimiento del subsuelo; los trabajos arqueológicos se dirigieron al estudio del sector bajo la cúpula, para lo cual se realizó un corte estratigráfico de 36 m2, equivalente al 4,2 % del área total, y llegó a los 1,7 m de profundidad hasta la roca estructural. Esta intervención planteaba la difícil tarea de conservar los disímiles valores arquitectónicos que han llegado al actual edificio, con el fin de reabrir sus puertas para la música sacra y, a la vez, exponer las estructuras en piedra que pudieran encontrarse asociadas a los enterramientos que se realizaron en esta vetusta iglesia habanera.
El sistema de registro estratigráfico por contexto simple, propuesto en sus principios por el Dr. Edwuard C. Harris durante los años setenta del pasado siglo, y enriquecido a partir de otras experiencias europeas, fundamentalmente en la arqueología urbana y de la arquitectura, ha venido sistematizándose dentro del contexto arqueológico de La Habana Vieja por parte de los especialistas del Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador. La aplicación de esta metodología facilitó la identificación de 65 unidades estratigráficas (u.e.) que fueron tratadas de manera ordenada y sincrónica, enmarcadas en una tabla de periodización de actividades constructivas que comprenden un abanico cronológico que se inicia con los primeros momentos ocupacionales del sitio en el siglo XVII.
Durante los trabajos de rehabilitación arquitectónica se sustituyó en varios sectores, incluyendo el área de estudio, el pavimento y asiento del Banco de Comercio que estaba dañado por el anclaje y uso de máquinas herramientas, cuando en el inmueble radicaba la Casa de Acuñación de la Moneda. De igual forma, fue necesario hacer una trinchera (u.e.5) de 0,85 m de profundidad para instalar una tubería de barro que evacuara las aguas negras, la que se extendió por el centro de la cala de sur a norte. Ambas actividades afectaron una delgada capa de desechos constructivos (u.e. 8 y 9) generados en las obras de ampliación llevadas a cabo por los padres carmelitas. En el caso de la trinchera, esta acción dividió también un estrato térreo depositado durante las obras de construcción de los capuchinos (u.e. 10 y 11) y un relleno de nivelación (u.e.14 y 17) de la primitiva iglesia de los oratorianos.
De las reformas del Banco del Comercio S.A. en 1926, hallamos en los extremos NE y SE del sondeo arqueológico dos mezclas de hormigón inyectadas como refuerzo a las columnas que sostienen la cúpula del actual edificio, y hacia el lado oeste, el cimiento de la caja fuerte (u.e. 6) que rellena el corte que afectó los restos de un grueso muro de mampuesto que, por su morfología y ubicación, identificamos como el ábside de la primitiva iglesia (u.e. 15).
Bajo el asiento del pavimento actual se hallaba el nivel de desechos constructivos (u.e.8 y 9) correspondiente a las obras de ampliación de la Congregación de los Padres Carmelitas. Este estrato, con un espesor de 0,1 m, cúbico el corte (u.e. 36 y 37) que moduló la superficie para ampliar la planta de la iglesia. Esta interfaz de destrucción cercenó el ábside, los restos de un muro de mampuesto (u.e. 23) relacionado con los primeros momentos ocupacionales del sitio, un relleno térreo (u.e. 10 y 11) con evidencias cerámicas del siglo XVIII y dos bulbos de cimentación (u.e. 27 y 31) de uso desconocido.
Con la llegada de los misioneros capuchinos a San Felipe Neri en 1784, comienza una etapa de ocupación y reformas en este templo que había sido abandonado por los oratorianos desde 1762. El obispo Gerónimo Valdés refiere en 1813, que «...a esta iglesia —descrita hasta entonces como un cañón mediano con su crucero— se le agregaron dos naves sobre arcos y columnas», lo que supuestamente pone fin a la disputa de los padres capuchinos que nunca se mostraron conformes con el inmueble. Referente a este período hallamos una capa de tierra (u.e. 10 y 11) de 0,50 m de grosor, con abundantes restos de dieta y cerámicas fechados en la segunda mitad del siglo XVIII, el cual fue vertido para conformar un nuevo nivel de pavimento. Este relleno quedó adosado al ábside y cubría varios estratos perteneciente a las obras de 1693, entre ellos, los restos de dos muros (u.e. 21 y 23) de las viviendas que fueron reutilizados en la construcción del Oratorio, un fragmento de poste quemado (u.e. 12) de 0,30 m, un relleno de nivelación (u.e. 14 y 17) de 0,10 m de espesor, y el sillar que protegía la Piedra Fundacional de la iglesia (u.e. 39). La u.e.11 fue cortada para fundir dos bulbos de cimentación (u.e. 27 y 31), uno de ellos ubicado en el eje axial de la iglesia y descansando sobre la piedra fundacional.
Unido al relleno de nivelación (u.e.14 y 17) se halló el primer estrato antrópico, o más antiguo en orden de deposición, compuesto por una arcilla ocre oscura muy compacta (u.e. 46 y 47) de 0,45 m de espesor, con escasas evidencias cerámicas del siglo XVII, sobre el que se edificaron las obras de la familia Sotolongo y los oratorianos. Este estrato arcilloso aparecía cortado para fundir dos sólidas estructuras de cimentación con un espesor aproximado de 0,60 m, ambas apoyaban sobre la roca natural del sitio. Uno de estos hormigones (u.e. 18) soportaba el grueso muro del ábside, y el otro (u.e. 38), cortado para colocar la Piedra Fundacional del Oratorio, fue cubierto por el relleno de nivelación (u.e. 17).
Sobre esta primera capa (u.e. 46 y 47) y cubiertas por el relleno de nivelación se identificaron otras unidades de interés, pertenecientes a las obras de la primitiva iglesia: un estrato de escombros mezclados con tierra procedente de la explanación de la vivienda preexistente al Oratorio (u.e. 43) y dos conos de cenizas que sugieren la posible utilización de fogones en las labores constructivas, uno de ellos (u.e. 16) se hallaba cubriendo parcialmente el cimiento del ábside.
Localizada en el eje axial de la iglesia y a 3,5 m del ábside se conservaba la Piedra Fundacional del Oratorio de San Felipe Neri (u.e. 40), guardando en su interior 33 monedas del tipo macuquina, de ellas dos de oro y el resto de plata. Hallada por primera vez en su lecho original; esta piedra labrada en roca caliza constituye un verdadero tesoro histórico, testimonio de la fe y la historia de la Congregación de los Oratorianos en la villa de San Cristóbal de La Habana. En el peritaje numismático sobresalió un real de plata, emitido únicamente en el año 1688 durante el reinado de Carlos II, que constituye un importante indicador para fechar los comienzos de las obras de la primitiva iglesia.
Hacia el extremo NE del corte estratigráfico y sobre el primer nivel antrópico, hallamos algunas evidencias relacionadas con la vivienda de los Sotolongo. De este momento constructivo se conservó un apisonado de cal que se adosaba a los muros de tapial y mampuesto (u.e. 21 y 23) y dos cortes circulares superpuestos, que indican la colocación y posterior sustitución de un pie derecho.
Análisis de las obras edificadas
Vivienda de los Sotolongo
(antes de1688)
1.- Muro de tapial: La zanja hecha para levantar esta estructura afectó el primer relleno antrópico y la tierra natural del sitio. De este muro se conservó solamente un fragmento de casi 0,60 m de altura sin enlucido. Fue reutilizado en las obras de la primitiva iglesia hasta las transformaciones de los padres carmelitas.
2.- Muro de Mampuesto: El corte para el cimiento de esta estructura afectó el primer nivel antrópico y la arcilla natural. Este muro, construido con piedras de diversos tamaños, aglutinadas con una argamasa de cal y arena, se unía al tabique de tapial, y sobre él se adosó el apisonado de cal. Al igual que el muro de tapial, esta estructura es demolida en las obras de los padres capuchinos.
3.- Huellas de poste: Estas dos huellas concéntricas están relacionadas con la ubicación y posterior sustitución de un horcón o pie derecho, posiblemente para so-portar una cubierta ligera. La más temprana, con un diámetro de 0,87 m, pertenece a un poste que fue fijado en su base con una arcilla de poca compactación, mientras que la más tardía, con un diámetro de 0,50 m, conserva la impronta de un puntal que se sujetó con una  mezcla de gran dureza de cal, arena y arcilla.
4.- Apisonado de cal: Muy utilizado en las viviendas de los siglos XVI y XVII, y también en el XVIII y XIX (Roger Arrazcaeta, com. pers., 2007) por lo económico que resultaba. Este pavimento se confeccionó sobre el primer nivel antrópico apisonando fuertemente una mezcla humedecida de cal y arcilla. Los restos de este piso, aprovechado en la fábrica del Oratorio hasta las transformaciones de los padres capuchinos, corresponden a un área techada de la vivienda que vinculaba los muros de tapial y mampuesto, y las huellas de poste.
Construcción del Oratorio
(1688-1693)
5.- Ábside del Oratorio: La primera hilada de este ábside de testero poligonal que se conservó, luego de las obras de ampliación de los padres carmelitas, es una sólida estructura de mampostería aparejada con sillares dispuestos a soga y tallados a azuela en sus caras exteriores. Para la obra de cimentación, conformada con una argamasa de cal, arcilla y piedras de pequeño tamaño, se hizo una gran trinchera que llegó hasta la roca estructural, afectando el primer nivel antrópico y la arcilla natural.
6.- Estructura de hormigón (cimiento): La fosa abierta para este cimiento corta el primer estrato antrópico, la tierra natural del sitio y llega hasta la roca estructural en su extremo oeste. Este hormigón, confeccionado a base de cal, arena y piedras de pequeño tamaño, sirvió como cimiento corrido para soportar la tensión de los gruesos y altos muros del templo que, según la descripción del obispo Morell de Santa Cruz, tenían 8,7 m de altitud.
7.- Piedra Fundacional: Para su colocación se hizo un orificio que afectó la estructura de hormigón (cimiento), el primer nivel antrópico y la tierra natural del sitio. Una vez colocada dentro de esta oquedad se protegió con otro sillar y se vertió una mezcla de cal y arena que se adhirió fuertemente al hormigón. Este elemento, de gran valor histórico-arqueológico, constituye un símbolo de la religiosidad e importancia de este momento fundacional.
Obras de ampliación de los padres Capuchinos
(antes de 1813)
8 -.  Bulbos de cimentación: Para la elaboración de estos dos cimientos se cortó el relleno térreo con evidencias del siglo XVIII, que fue vertido para conformar un nuevo nivel de pavimento en las obras de ampliación del templo, uno de ellos, con una argamasa de arcilla, cal y piedras de pequeño tamaño, afectó los restos del muro de tapial, y el otro, de mayor compactación, fundido con una mezcla de cal, arena y piedras de pequeño tamaño se apoya sobre la piedra fundacional. Estas estructuras fueron cortadas parcialmente en las obras de los padres carmelitas, eliminando la posibilidad de conocer su posible uso.
Obras de ampliación de los padres carmelitas
(1895)
9.- Bulbos de cimentación de las columnas NE y SE: Estos bulbos de apoyo a las columnas, hechas para soportar la cúpula octogonal. Se hicieron con una argamasa de calarena y piedras de mediano y gran tamaño, reutilizando algunos fragmentos de sillares que aún conservaban su enlucido, posiblemente extraídos de la parte demolida.
Obras de adaptación y reformas del Banco de Comercio S.A.
(1926)
10.- Cimiento de la Caja Fuerte: Ubicada en el área que ocupaba el altar mayor de la iglesia de 1895, esta sólida estructura de hormigón armado se construyó para proteger la bóveda y soportar sus pesadas puertas, rellenando la fosa de cimentación que cortó parcial-mente la cara exterior del ábside.
Conclusiones

Para validar el alcance de esta investigación, es necesario tener en cuenta el estado de conservación del yacimiento, el cual fue alterado por sucesivas transformaciones constructivas, y los estrechos limites espaciales del área donde se efectúo la excavación arqueológica. No obstante, los trabajos de campo tuvieron una significativa importancia al evidenciar la secuencia de los cambios constructivos que sufrió la primitiva iglesia de los oratorianos, matizados por el hallazgo in situ de su Piedra Fundacional con una extraordinaria colección de monedas del siglo XVII.
El análisis de los materiales y técnicas constructivas, correlacionados con los datos de las fichas de unidades estratigráficas, secciones y plantas generales interpretativas, y la documentación gráfica y escrita que se han podido reunir durante el proceso de investigación arqueológica,  permiten una mejor comprensión de la evolución histórico-constructiva del sitio, susceptible a nuevas interpretaciones que se deriven de posteriores estudios.

Luis A. Francés Santana y Francisco F. Navarrete Quiñones
especialistas del Gabinete de Arqueologia de la Oficna del Historiador.