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Una de las grandes manufacturas que se introducen en el territorio habanero fue la industria azucarera, que toma su esplendor en la segunda mitad del siglo XVIII. Mayoritariamente, en este siglo se usó el tren español, que consistía en una serie de pailas, de mayor a menor, por donde se iban pasando las melazas o caldos en su proceso de evaporación hasta obtener el punto de azúcar necesario.

La introducción hacia 1780 del tren francés —más tarde denominado jamaiquino— consistió en colocar las calderas sobre un mismo cañón de fuego en línea recta, donde el fuego lo recibía la primera caldera y el calor se difundía a lo largo de todo el conducto donde se habían colocado el resto de las pailas.

 

Una de las grandes manufacturas que se introducen en el territorio habanero fue la industria azucarera, que toma su esplendor en la segunda mitad del siglo XVIII.
Según Moreno Fraginals, una de los temas tecnológicos introducidos, en la época, se dirige al sector de la casa de calderas o casa de máquinas, cuyo edificio se destinaba al funcionamiento de calderas colocadas en un gran horno de mampostería o ladrillo, donde el jugo proveniente de la molienda era clarificado, evaporado y concentrado. Estos eventos tecnológicos se asocian inicialmente a la modificación y disposición de las pailas y también del combustible.
Mayoritariamente, en el siglo XIII se usó el tren español, que consistía en una serie de pailas, de mayor a menor, por donde se iban pasando las melazas o caldos en su proceso de evaporación hasta obtener el punto de azúcar necesario. Cada paila tenía su fuego individual y hasta a fuego abierto, lo que hacía que el proceso de evaporación y concentración de las melazas fuera muy rápido. De manera contraproducente el gasto de combustible o leña se hacía grande y con ello la reducción drástica de los bosques y la desforestación del entorno. Lo que provocó que muchos dueños abandonaran el viejo sistema tecnológico e introdujeran cambios alrededor de 1780, con la llegada del tren francés —más tarde denominado jamaiquino— consistentes en colocar las calderas sobre un mismo cañón de fuego en línea recta, donde el fuego lo recibía la primera caldera (clarificadora para descachazar o sea para limpiar el guarapo en su primer cocimiento) y el calor se difundía a lo largo de todo el conducto donde se habían colocado el resto de las pailas (dos pailas para evaporar el guarapo y dos tachos para concentrarlo). Este método era más lento pero resultaba mucho más económico para el aprovechamiento de la energía. A esta novedad tecnológica se le agrega la utilización del bagazo como subproducto de la propia industria, mermando la violenta explotación forestal, además de la reducción de mano esclava al solo tener que atender un solo fuego en el proceso.
Muchos de los dueños se resisten a mantener el sistema de trenes españoles por su rapidez, pero la carencia de combustibles, hace que se combine las técnicas de la casa de calderas con el tren francés, obteniendo un tren mixto que reduce las bocas de fuego del tren español y con ello se aprovecha más la energía del calor, además de quemar madera y bagazo. Según Fraginals, cada maestro de azúcar establece su especial colocación de pailas y le da su nombre: tren Echegoyen, el Arritola, el sistema Montalvo...
Según la reciente publicación de Los Ingenios se define como medio tren a «(…) el jamaiquino en el que un único fuego sirve a tres de las piezas —pailas, calderas o tachos— que le componen y un segundo fuego a las otras dos».
La sacarocracia de La Habana y Matanzas ante la falta de leña deciden retomar nuevamente el tren francés desde Jamaica y lo rebautizan como tren jamaiquino, a lo que algunos autores señalan como «un franco proceso de retroceso» respecto a las técnicas azucareras.
A partir de la patente en 1813 por Howard de los tachos al vacio para la refinería de la industria azucarera inglesa, se dictamina la inevitable decadencia de los viejos sistemas tecnológicos, dando paso al uso de los nuevos equipamientos de la máquina a vapor que reduce el ahorro de combustible y mano de obra en el proceso fabril.

Antiguo Ingenio San Francisco otrora San Nicolás
El ingenio San Francisco es uno de las tantas antiguas instalaciones agro-industriales que se diseminaron y florecieron en la región habanera. Estos se desarrollaron en una geografía privilegiada, donde proliferan pequeños ríos intermitentes utilizados como represa —por lo general a muy pocos metros de la industria—, pozos de agua potable de gran calidad a poca profundidad y caminos empedrados que pasaban por las propiedades facilitando las comunicaciones con diferentes puntos. Todo ello, propiciaba el desarrollo de pequeños asentamientos humanos que se desarrollaban paralelo a estas instalaciones productivas, propiciando así la fuerza de trabajo blanca libre necesaria y el avituallamiento indispensable para la industria y sus moradores, además de contar como parte de su geografía, las cercanía de los puertos de Batabanó al Sur y La Habana al Norte.
Es posible que se bautizara inicialmente como ingenio San Nicolás o recibiera otro anterior a este, después sus propios moradores variaron su topónimo con que fuera bautizado y solo se recoge este en planos contemporáneos a estos hechos. Dichos cambios fueron comunes en la época donde se fundaron ingenios bajo cierta advocación de santos protectores los que variaban según su efectividad protectora y la devoción azucarera del momento. Sobre el tema no hay noticias concretas, más allá de las lecturas de antiguos levantamientos cartográficos que la sitúan con este nombre y sus variaciones de apelativos posteriores como ingenio San Francisco.
En nuestras visitas, tras exhaustiva revisión del terreno, se detectó áreas o elementos del viejo sistema fabril que aún perduran a pesar de la destrucción a que fue sometido y que nos permite apuntalar la reconstrucción histórica:
Existencia del Camino Real: Este elemento fue detectado y comparado con la hoja cartográfica de Pichardo de 1872, donde aparece este mismo sendero con igual morfología, se halla en muy buen estado de conservación su empedrado y recorre el frente de la actual vivienda de los Devera para continuar hasta las cercanías de un pozo de agua encamisado con bomba manual frente a la casa de uno de los hijos de los Devera. Luego se curva hasta llegar a una pequeña llanura que corre paralelo al rio, en cuyo intermedio se desarrolló la industria azucarera. Muestra de ello está la revisión de las tierras aradas y sembradas intermedias donde se localizó una gran cantidad de fragmentos de materiales culturales provenientes del viejo sistema fabril.
Fragmentos de muros: Al parecer corresponde con una sección de esquina de una de las obras civiles de la antigua fábrica, compuesto por grandes bloques rectangulares de caliza o sillares, utilizado en el mampuesto y en las esquinas haciendo refuerzos de los altos muros, se ha conservado gracias a que ha sido atrapado por un viejo árbol que lo incorporó a su tronco y raíces.
Fragmento de la represa: Localizamos una hilada de rocas niveladas en uno de los talud del rio, que nos permitió plantear la hipótesis de la represa. Otras búsquedas en el propio lecho permitieron localizar rocas aisladas con incisiones talladas en forma de canales y más tarde delimitamos un fragmento de muro de mampuesto que recorre en dirección perpendicular al rio, lo que confirmó nuestra sospecha de existencia de represa que mantuviera el acopio de un nivel de agua que abasteciera un índice necesario a los que se requería en el proceso.
Sección de la casa de calderas: Esta estructura estaba parcialmente cubierta de tierra. Los miembros de la propia familia Devera, en las actividades de limpieza y arado del terreno localizaron un piso de ladrillos alicatados, además de otros huecos y un túnel de unos 7 metros de longitud aproximadamente.

Intervención de Emergencia arqueológica en el Ingenio San Francisco

Resultados finales


1.    Se limpiaron tres fornallas que incluyeron el cenicero, una trampa de ceniza y el conducto a la chimenea.
2.    Se comenzó la limpieza del túnel de evacuación de cenizas del tren y no se concluyó por razones de tiempo y volumen de sedimentos a mover.
3.    Se localizaron otras evidencias estructurales del antiguo ingenio azucarero como: fragmentos de la represa en el rio; fragmentos de una construcción, en su extensión parietal, aún sin determinar.
4.    Se localizó el antiguo camino real usado por esta industria.
5.    Se logró sensibilizar a los residentes y dirigentes del territorio sobre la importancia del sitio y las acciones de protección a realizar para su salvaguarda.
6.    Los propios residentes construirán una cerca de postes vivos de almácigo y alambre de púa y serán los máximos responsables de su protección y mantenimiento.

Logros

1.    Por primera vez sale a la luz de la ciencia y en el país, una estructura de tren mixto no recogida ni estudiada hasta el presente, compuesta de manera atípica por solo tres fornallas, que incluye una trampa, el túnel de limpieza, fogón y su puerta de alimentación y conducto a la chimenea.
2.    Abre la expectativa sobre la tipología y el uso constructivo-tecnológico y modificaciones de los trenes franceses o jamaiquinos en Cuba.

Conclusiones.

Se logró los objetivos previstos al dejar limpios «los huecos» y demostrar la importancia que esta estructura técnico-tipológica existente del antiguo ingenio azucarero San Francisco posee para la cultura del país, logrando la sensibilidad necesaria en los propios residentes de una conciencia y conducta de protección y cuidado al patrimonio existente en su propiedad.
El reciente hallazgo nos coloca ante una nueva propuesta, que redirige la investigación, dentro del campo de estudios de la arqueología industrial, en torno a las huellas de las antiguas  plantaciones y la manufactura azucarera que conformaron el paisaje habanero desde los siglos XVI y hasta finales del XIX.

Bibliografía.

Ely, Roland T., (2001): Cuando reinaba su Majestad el Azúcar, Ediciones IMAGEN CONTEMPORÁNEA, La Habana.
García Mora, L. M y A. S. M. García, (2005): Los Ingenios. Impresión Gráfica Moriel S. A., España.
Moreno Fraginals, Manuel (1978): El Ingenio. Complejo económico social cubano del azúcar, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.

Jorge F. Garcell Domínguez
arqueólogo