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Contribuir a la formación de los guardiamarinas de la Academia Naval Granma es, quizás, una de sus acciones menos conocida del Museo Castillo de La Real Fuerza.

Próximo a celebrar el Día Internacional de los Museos (18 de mayo) y el tercer aniversario de abiertas sus puertas al público como institución museística (6 de junio de 2008), el Castillo de La Real Fuerza consolida su función social.
La presentación de cinco conferencias impartidas por oficiales de la Academia Naval Granma, el intercambio con un grupo de guardiamarinas escogidos para la ocasión por sus excelentes resultados académicos y la visita a las salas expositivas del Museo Castillo de La Real Fuerza matizaron la mañana del 4 de mayo.

Contribuir a la formación de los guardiamarinas de la Academia Naval Granma es, quizás, una de las acciones menos conocida del museo. En este sentido, se efectuó el II Taller Científico de Historia del Arte Naval, que aunó un conjunto de ponencias bajo la temática: Desarrollo histórico de los armamentos navales y su influencia en el arte naval. El papel de la ciencia, la técnica y la tecnología en el desarrollo del arte naval; Los submarinos a través de la historia y El enmascaramiento naval, fueron algunos de los tópicos abordados por los capitanes de fragata y Doctores en Ciencias Militares: Raúl Borrego, José Miguel Figueredo, Ramón Jiménez, y Caín Gutiérrez Periut.

Por su parte, Antonio Quevedo y Jorge Echeverría, director y especialista principal del Museo Castillo de La Real Fuerza ofrecieron a los invitados una visita dirigida por la exposición transitoria «Embarcaciones en la numismática, un poder sobre las aguas de los océanos». La muestra —recién inaugurada— agrupa monedas, billetes y medallas de diferentes naciones que, en sus anversos y reversos, dejan ver variadas tipologías de bajeles o medios de transportación acuáticos utilizados por el hombre.
Otro momento especial lo constituyó la visita a la sala donde se muestra el modelo a escala 1: 25 del navío de línea Santísima Trinidad (1769-1805). Tanto oficiales como guardiamarinas interactuaron con la pantalla táctil que acompaña al modelo naval y coincidieron en resaltar: «más que una máquina de guerra, el Santísima Trinidad fue una obra de arte»

En la tarde y en los predios de la Unidad de Buques de Instrucción, oficiales de la Academia Naval Granma y de la Marina de Guerra Revolucionaria ofrecieron un reconocimiento a los especialistas del Museo Castillo de La Real Fuerza, quienes fueron merecedores de valiosos ejemplares literarios de temática naval que engrosarán los fondos bibliográficos de la institución del Centro Histórico. Además, fueron convidados a abordar el Buque Escuela cubano Carlos Manuel de Céspedes donde se les brindó información sobre la formación de los guardiamarinas, sus intereses por la preservación de nuestra cultura, patrimonio e historia.

Fernando Padilla González
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Opus Habana


Tribulaciones de un grumete

 

Me quise un día embarcar
en un buque de grumete,
sin saber que era el tolete,
la roda y el tajamar.
Si tenía que remar
yo armaba el timón,
no tenía noción
de que era el luchadero,
que es parte de un remo entero
con caña, pala y guión.

No sabía si el bauprés
va cerca del botalón,
o se pone en el tangón,
en la popa o el combés.
Si en el palo está el calcés,
las drizas y los penoles,
que cosa son los pañoles
las portillas, las lumbreras,
y donde van las groeras,
las vergas y los genoles.

Hablaban de singladura
y la línea de crujía,
pero yo me confundía
con la quilla y con la amura.
Miraba la arboladura
y los embates del mar,
y me ponía a pensar
viendo la fuerza del aire,
cómo ponerme al socaire
para el tiempo capear.

Veía la escalera real,
yo la llamaba escalera,
y hasta el coy y la litera
me parecían igual.
Al guarnir un cuadernal
las petacas los motones,
daba a la beta estrechones
para el péscate abatir,
y los pertrechos subir
cerca de los portalones.

Izaban una bandera
unida a un repetidor,
o del blinquer el resplandor,
pestañaba a la carrera.
Yo ignoraba lo que era
y al ver el puente ateriado
me iba para el sollado
esquivando los trajines,
quedándome en los jardines
varios minutos sentado.

Me mandaron a botar
un balde por sotavento
lo tire por barlovento
y el agua no llegó al mar.
Me dieron para picar
el costado una piqueta,
y cogiendo una rasqueta
bajé para la guindola,
que amarre con una piola
porque no se estaba quieta.

Yo querría navegar,
era mi mayor deseo
pero a veces el mareo
no me dejaba almorzar.
Anhelaba regresar
a mi basificación
y poner en un renglón
de mi diario construido,
cómo me había abatido
aquella navegación.

Terminaba el recorrido
y antes de desembarcar,
me mandaron a buscar
algo que jamás olvido.
Un sargento muy erguido
me dijo: —Ve mocetón,
y tráeme de aquel rincón
donde se guarda la vela,
la funda de la propela
y la llave del tangón.

 

(Tribulaciones de un grumete fue tomado de la Cartilla del Grumete, de los autores CF: Raúl Borrego Toledo y CF: Francisco González Vergel, ejemplares que fueron entregados a los especialistas del Museo Castillo de La Real Fuerza).