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Las riquezas decorativas que artistas de todas las épocas han dejado plasmadas en cada representación, y que a pesar del inevitable transcurso del tiempo, siguen enriqueciendo casas, plazas, calles, salones, lugares recónditos y olvidados, han sido rescatadas, en el mayor de los casos, por conservadores y restauradores.

La pintura mural, como primera manifestación de la pintura universal, ha recorrido un largo camino desde que fue creada por el hombre en la prehistoria hasta la actualidad, a veces utilizada en gran medida, otras delegada casi al olvido. Fue concebida como un medio de expresión y comunicación, embelleciendo y engalanando todo los espacios en los que ha sido elaborada.
Objeto de amplias investigaciones en numerosos países, el nuestro no ha quedado exento de tan significativo arte, así como de su examen y estudio. Varios han sido los artículos publicados en el país sobre este tema, investigadores, restauradores, escritores, artistas extranjeros y nacionales, dentro de los que podemos citar a Víctor Patricio Landaluce, Guy Pérez Cisneros, Adelaida de Juan, Jorge Rigol, entre otros, nos brindan una visión de la estética en la arquitectura colonial. Algunos de sus trabajos incluyen citas de viajeros donde los más referidos son las cartas de Fredrika Bremer durante sus visitas a la isla en el siglo XIX, otros como el reverendo Abbiel Abbot quien opinó en una de sus cartas en 1828:
Era divertido observar en los suburbios lo que ya había notado en Matanzas y en los pueblecitos: la afición que muestra el español por la pintura ornamental. En las fachadas de las tiendas y de las casas y en las paredes repelladas que bordean el camino vense pintados por todas partes pájaros animales, culebras, hombres y mujeres en sus distintas ocupaciones o diversiones, y algunas otras cosas e imágenes que, aunque no están estrictamente prohibidas en las tablas de la ley, no se parecen a nada que esté en el cielo, o bajo en la tierra, o en las aguas debajo de la tierra.
Los viajeros nos muestran en sus escritos una tierra llena de colorido, con ingeniosos carteles propagandísticos en establecimientos de comercio y una inmensa riqueza de decorados, tanto en exteriores e interiores de los inmuebles que van, desde los más simples, hechos por aficionados, hasta otros muy bien elaborados gracias a manos profesionales conocedoras del oficio.
Otros artículos incluyen no solo historia, sino que amplían el tema y aportan con sus experiencias, conocimientos sobre el trabajo de restauración e investigación, métodos, técnicas, análisis, etc. Podemos citar el trabajo de maestros reconocidos como Ángel Bello Romero, Elisa Serrano, Alberto A. Tagle, entre otros, sin dejar de mencionar al pintor y escultor Mateo Torriente, primero en dedicarse a la investigación y reproducción de las pinturas murales, quien nos legó sus fabulosas reproducciones en acuarelas.
Ellos comenzaron el trabajo de rescate e investigación de las pinturas murales, abriendo las puertas a este adormecido capítulo en nuestra historia y algunos aún continúan fieles a su profesión, aportando su valiosa experiencia a aquellos que por igual nos apasionamos por la salvaguarda de este vasto patrimonio mural que nos pertenece.
Actualmente, en la rehabilitación de los inmuebles han sido expuestas innumerables pinturas murales, producto de la labor de restauradores provenientes de la Escuela Taller de La Habana Gaspar Melchor de Jovellanos, la Empresa Nacional de Monumentos, el CENCREM y el Gabinete de Arqueología. La sección de Pintura Mural que radica en el gabinete arqueológico realiza un minucioso estudio, ampliando y actualizando los primeros trabajos sobre la investigación de los inmuebles con presencia de decoraciones murales, priorizando los de intramuros. Este trabajo conlleva un detallado registro fotográfico de todos los motivos pictóricos develados en los viejos paramentos. Las fotos recopiladas facilitan la labor de comparación y selección de los disímiles diseños (cintas, guirnaldas, flores, figuras humanas, animales etc.) que serán objeto de trabajos y próximas publicaciones Precedentes
El nivel o modo de vida ha sido un aspecto influyente en las relaciones sociales del hombre durante las distintas etapas de la historia. Las normas, tradiciones, creencias, conocimientos, la estética y el buen gusto han imperado y evaluado al hombre en su aceptación en la sociedad. Es conocida la importancia que se daba a la ornamentación y al gusto por lo estético, donde se calculaba el nivel económico según la especulación y ostentación que se mostraba, aunque el gusto imperante en cada época no era solo privilegio de los poderosos, también la clase media o los de bajos ingresos lograban disfrutar en menor cuantía las formas y estilos del momento.
La apreciación visual de nuestros decorados murales nos permite reflexionar sobre las costumbres y gustos imperantes de quienes nos antecedieron. Si observamos detalladamente cada pintura mural, lograremos apreciar los variados motivos con sus similitudes y diferencias, así como lo más recurrente en la ornamentación de la época, empleados además en la decoración de madera, metales, textiles, cerámicas, joyas y elementos arquitectónicos.
Como ya ha sido reflejado en muchos trabajos realizados, Cuba constituyó un vínculo entre el mundo europeo y el resto de América, por lo que la mayoría de las pinturas murales más viejas  están influenciadas por las creaciones griegas y romanas que artistas europeos, principalmente italianos, plasmaron en sus ejecuciones a su paso por la Isla, debido en parte, al descubrimiento de las ruinas de las ciudades de Herculano (1719) y Pompeya (1748), pero también la cultura hispano musulmana jugó un papel fundamental, al ser Cuba colonia de España heredó parte de su cultura, aportándonos la influencia mudéjar que conserva la Isla. Tras la conquista de la Península Ibérica por el islam a partir del año 711, el arte islámico, dejó profundas raíces en la tradición hispana a través del mudejarismo, que se fusionó con el arte clásico de la antigüedad, retomada por las manifestaciones artísticas que en esa época influían sobre Europa
Y fue el pueblo hispano de lengua árabe el que, porque permaneció aquí un milenio, dejó más profundas huellas artísticas; de ahí la necesidad de reconocer que el estilo hispanomusulmán es español. Y que gracias a este arte que logra fundirse muchas veces con los estilos románico y gótico, estos adquirieron un peculiar sello hispano.  
El arabesco
A través de la historia el tema naturalista ha tenido un papel significativo en todas las manifestaciones artísticas, cada estilo y época utilizó la decoración vegetal en sus representaciones, en ocasiones con alguna significación simbólica, y en otras solo por el simple hecho de la belleza que posee,  la suavidad de sus contornos y su forma.
Estas creaciones conservaban lo más posible la forma y el color, pero con frecuencia se estilizaban y el dibujo se complementaba con tracerías, cintas y roleos. A este particular dibujo se le denominó arabesco, definición procedente del árabe y que la cultura islámica utilizó convirtiéndolo en un sello muy particular de sus representaciones artísticas y que tomamos como ejemplo debido a su empleo en la decoración de nuestros inmuebles arquitectónicos.
Este diseño se emplea comúnmente en techos frisos, zócalos y cenefas de escaleras principales, habitaciones y salones, aportándole buen gusto y elegancia. Se caracteriza por la representación de dibujos de apariencia naturalista con curvas sinuosas y roleos, en un principio, de líneas delgadas continuas, acompañadas por llamativos motivos florales y posteriormente, a causa de la industrialización, se presentan realizados a plantilla, utilizando uno o dos colores. Todas estas decoraciones representaban variedades de flores y hojas, aunque la hoja del Acanto fue la más empleada por la belleza de su contorno. En muchas ocasiones encontramos zarcillos de acanto acompañados por otros motivos vegetales, pero en realidad el acanto no hecha zarcillos, por lo que estos forman parte de una iniciativa libre.
Los arabescos y la variedad de sus diseños no se limitan solamente a la pintura y a la arquitectura, su uso se extiende también a la cerámica, los textiles, la madera, la herrería, el vidrio y la orfebrería.  
Analogías
En la investigación que se ha venido realizando de los inmuebles habaneros, hemos encontrado semejanzas en las pinturas murales. Estas similitudes decorativas pueden haber sido el seguimiento de un patrón y la repetición de determinados diseños de algún artesano en particular o ejecutadas por gremios conformados por maestros extranjeros o criollos, ayudantes, aprendices y oficiales que se formaron en la isla producto del crecimiento económico-cultural y del incremento de las construcciones civiles.   
El oficio del pintor decorador era considerado un trabajo manual de poca relevancia, y en las tasaciones de las investigaciones históricas realizadas no suelen aparecer testimonios sobre la autoría, momento de ejecución, ni compra de materiales destinados a este trabajo, por esa razón la datación aproximada de una pintura mural se basa, en parte, en los datos que nos aportan estas investigaciones sobre la fecha de construcción de un inmueble y las transformaciones a las que ha estado expuesto.
Como ejemplo de lo antes mencionado, podemos observar gran semejanza en las técnicas pictóricas y de ejecución, empleadas en dos pinturas murales, en un contexto relativamente cercano, que se ubican en las casas de Arango y Parreño sito en la calle Amargura # 65 y Prat Puig sito en la calle Teniente Rey # 159. La indagación de las dos fuentes de investigación histórica nos revela que están relacionadas cronológica y estéticamente por el neoclasico, que influyó en nuestra cultura a comienzos del siglo XIX.
En el caso de la casa de Arango y Parreño, los datos refieren que en 1777 el inmueble aún no contaba con una segunda planta, la cual ya aparece añadida para el año 1796, nivel en el que se ubica la pintura mural. En la casa Prat Puig, según su investigación histórica, se describen transformaciones acontecidas en 1824 que tuvieron lugar en varias partes del inmueble donde, en una de ellas, se ubica la decoración mural. Son períodos relativamente cercanos, en los que bien pudieron ser ejecutadas por un mismo pintor o gremio.
La técnica pictórica utilizada en las obras, aparenta ser el fresco, posiblemente con terminación al seco a la cal. Esto podemos apreciarlo en el grado de conservación del color, a pesar de las inclemencias del tiempo. Podemos observar también, en ambas pinturas, huellas de pinceladas, tal como ocurre en este tipo de técnicas, aunque no presentan a simple vista marcas de giornate o pontate.
El análisis químico que se les realizó a ambos inmuebles, con el objetivo de la identificación de pigmentos inorgánicos, mediante el método de ensayo de Fluorescencia de Rayos X por Reflexión Total, arrojó la presencia de cal en todas las muestras de pigmento estudiadas .
Si observamos detalladamente las dos obras, podemos apreciar como el azul del cielo va degradándose hasta quedar en su parte inferior una tonalidad casi blanca, que bien pudiera ser el mismo enlucido, así mismo, el color entre una mezcla de verdes y sienas, y la forma de ejecución de los trazos de la vegetación son muy similares, como también el color negro en las aves representadas de forma muy sencilla. Otros ejemplos son las cercas de madera con tonalidades muy parecidas y las enredaderas que cierran al paisaje en su parte superior.
De igual modo podemos encontrar similitudes en cenefas que conforman la decoración característica de la pintura mural cubana. Las casas del conde de San Esteban de Cañongo situada en el # 358 de la calle San Ignacio y la casa de la Orfebrería en la calle Obispo # 113-115 son otros exponentes, aunque no los únicos.
Los derrames de puertas brindan llamativas imitaciones marmóreas de motivos lineales y florales con ejes divisorios. Ambas casas presentan en común un diseño peculiar, se trata de dos delfines estilizados de colas terminadas con motivos vegetales, llevan en sus bocas una ramita de dos frutos, pasan por dos aros encima de una base adornada con collares. El delfín ha sido venerado y muy utilizado en la ornamentación, observándose en monedas clásicas, pinturas murales pompeyanas, arquitectura, muebles, como título de nobleza, es común verlo adornando fuentes y fontanas. Al parecer pudo haber sido un diseño particular de algún  pintor o gremio, no podemos asegurarlo debido a que una de las pinturas que podría ser investigada (San Esteban de Cañongo)  no existe actualmente, pero las imágenes muestran en sí la gran semejanza de ambos motivos.
Las riquezas decorativas que artistas de todas las épocas han dejado plasmadas en cada representación, y que a pesar del inevitable transcurso del tiempo, siguen enriqueciendo casas, plazas, calles, salones, lugares recónditos y olvidados, han sido rescatadas, en el mayor de los casos, por conservadores y restauradores, y en ocasiones mantenidas al resguardo de propietarios que las conservan por generaciones o aquellas que por sus propias características han resistido la inclemente acción del tiempo y del hombre.
Agradecimientos:
- A los trabajadores del Museo de la Orfebrería de la Oficina del Historiador de la Ciudad de la Habana.

(Tomado del Boletín del Gabinete de Arqueología, año 9)

Sandra Páez Rosabal y Yanira Arteaga Romero
especialistas del Gabinete de Arqueología