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«Me han impresionado mucho el carácter gentil, tolerante  — ¡musical!— de los cubanos,  cantan todo el tiempo (en los autos, en las calles…)». expresó el organista belga.

El organista Stijn Hanssens (Halle, Flandes, 1982), profesor asistente del Instituto Lemmens de Leuven, obtuvo los diplomas de Máster en Música —sección órgano— (2005) y el Máster en Composición de (2008), especializándose en los siglos XIX y XX.  Durante su estancia en La Habana, en el invierno de 2010, tuvo a cargo el concierto inaugural y  un ciclo de clases magistrales de órgano en la Basílica Menor de San Francisco de Asís, como parte de las jornadas musicales de la V Semana Belga en el Centro Histórico. Opus Habana tuvo la oportunidad de conversar con este joven artista y conocer detalles de su carrera profesional.

 

¿Cuándo y por qué escoge la música como medio de expresión?

Mis padres —amantes de la música— me inscriben a los diez años en la Academia de Halle, donde inicio mis estudios de solfeo. Al principio sólo se trataba de un pasatiempo, una actividad extraescolar. Poco a poco fue convirtiéndose en una pasión que crecía cada día más. Me fascinaba el sonido del órgano que tenían en la Academia y me decidí finalmente por este instrumento. A los 11 años toqué por primera vez en público. Cuando terminé el preuniversitario continué mi formación profesional en el Instituto Lemmens, uno de los más conocidos por su excelencia en la educación del órgano.

¿Qué razones lo instaron a decidirse por el órgano?

El órgano de tubos es un instrumento antiguo, que data del siglo XIV. Hay una gran tradición organística en Europa, específicamente en países como Francia, Holanda, Alemania y Bélgica. «El órgano es mi orquesta», era la premisa del gran compositor Cesar Frank (Lieja, Bélgica, 1882-1890). El también denominado «rey de los instrumentos» siempre ha sido capaz de inspirarme como compositor e incitarme al trabajo creativo. Gracias a su poderosa sonoridad, puedo revivir la música antigua y renovar sus códigos.

¿Qué músicos han influido en su formación profesional?

Siempre han sido mis guías Luc Bastiaens y Meter Pieters,  mis profesores del Instituto Lemmens. En cuanto a la composición tengo influencias de Olivier Messiaen (1908-1992) y Ludo Claesen, quien me enseñó los secretos del contrapunto y la fuga, ejercicios muy estrictos que contribuyen a la creación de una obra original y contemporánea al mismo tiempo, basándose en los estilos de antaño.


¿Cuál es el tema de su trabajo de doctorado en el Instituto Lemmens?

«¡¿Hecho en Bélgica!?: Una búsqueda en la evolución y las influencias en la música del organista belga Jacques-Nicolas Lemmens (1823-1881) de Flor Peeters (1903-1986)» se denomina el proyecto de investigación doctoral que inicié en 2009. Mi objetivo principal es buscar una forma artística en los sonidos de  la música de órgano belga durante el período que comenzó con las obras de Jacques-Nicolas Lemmens (1823-1881) y terminó con las de Flor Peeters (1903-1986). Tendré en cuenta las tendencias cambiantes en la construcción de órganos, la evolución de la música de órgano fuera de Bélgica y el redescubrimiento de la música antigua, que han desempeñado un papel crucial en esta evolución, pero también intento explicar de qué manera hoy día estos hallazgos pueden apoyar al artista intérprete o ejecutante en la toma de decisiones artísticas.

 

El órgano de la Basílica de San Francisco de Asís
fue donado en 2006 por la ONG Luthiers Sin
Fronteras, de Valonia, Bélgica.


¿Qué importancia tuvo para Ud. su participación en las jornadas musicales de la V Semana Belga de La Habana?

He tocado en varias ciudades belgas, pero también en otros países europeos como Francia, Holanda y Luxemburgo, en solitario o acompañado por cantantes —ya sean solistas o un coro— u otros instrumentos como el violín o la flauta. El hecho de protagonizar, junto al trompetista cubano Yasek Manzano, el concierto inaugural de la Semana Belga, ha significado mucho para mí por muchas cosas pero, en especial, porque fue mi primera presentación en América Latina.
Tuve la oportunidad de interpretar obras de relevantes músicos belgas de todos los tiempos —como Purcell, Lemmens, Jongen, Peeters y Verschraegen— para el público cubano. El órgano del coro alto de la Basílica Menor de San Francisco de Asís —construido en 1954 por el taller del organero belga Maurice Delmotte—  fue donado a este centro por la Asociación Luthiers sin fronteras en 2006. Este intercambio musical —de un órgano belga con una trompeta cubana— fue todo un reto para mí.
Durante ésta mi primera visita a La Habana pude descubrir una ciudad de contrastes, diferente a la que visualicé en viejas guías turísticas. Hay una gran diferencia entre las fotos de hace diez años y las actuales, especialmente en las principales calles y plazas del Centro Histórico. Considero que hay magníficos ejemplos de obras restauradas (véase la Plaza Vieja). Me han impresionado mucho el carácter gentil, tolerante  — ¡musical!— de los cubanos,  cantan todo el tiempo (en los autos, en las calles…).

 

Lysbeth Daumont
Colaboradora de Opus Habana