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Vitólfilo desde 1980, Orlando Arteaga Abreu ha dejado su impronta en el desarrollo de la vitolfilia cubana, siendo ganador de siete trofeos en concursos vitolfílicos efectuados en España, además de otros premios y reconocimientos en Cuba.

Tanto las anillas como las habilitaciones cubanas tienen una historia muy rica. Si bien las primeras fábricas de tabaco del mundo fueron las de Sevilla (1620) y Cádiz (1731), las primeras marcas, las primeras anillas y las primeras habilitaciones nacieron en Cuba.

A partir del siglo XVI comienza en Cuba la cosecha de tabaco con carácter comercial. Con ella surge todo un arte utilitario vinculado al negocio de las diferentes formas del producto, dígase puros, cigarrillos, rapé, polvo, andullo... Los artículos confeccionados con fines relacionados al hábito de fumar son conocidos como memorabilia tabacalera. Anillas de tabacos, encendedores, cajitas de cerillas, pipas, boquillas, envases, ceniceros, entre otros, que sobresalen además por su detallada elaboración, constituyen la filia de numerosas personas. Pero sin lugar a dudas, dentro de la memorabilia tabacalera una de las piezas más legendarias es la anilla o vitola.
Estas piezas son las que integran la mayor colección de Orlando Arteaga Abreu. Graduado en Ciencias Jurídicas por la Universidad de La Habana en 1985, Arteaga Abreu es uno de esos hombres que quedó atrapado por el excitante mundo del coleccionismo. Vitólfilo desde 1980, ha dejado su impronta en el desarrollo de la vitolfilia cubana, siendo ganador de siete trofeos en concursos vitolfílicos efectuados en España, además de otros premios y reconocimientos en Cuba, entre ellos el Premio Vitolfílico a la Obra de la Vida, otorgado por la Asociación Vitolfílica Cubana en el año 2010. Desde 1984 y hasta 1989 tuvo a su cargo la redacción de la sección «La Vitolfilia» de las revistas Cubatabaco y Cubatabaco Internacional, y ha expuesto parte de su colección en varias ediciones del evento Habana-Habanos y en el Museo del Tabaco, perteneciente a la Oficina del Historiador de la Ciudad. Actualmente se desempeña como vicepresidente de la Asociación Vitolfílica Cubana.

¿Cómo y cuándo llega Orlando Arteaga Abreu al mundo del tabaco?
En 1979, cuando comencé a trabajar como vicedirector de la agencia encargada de la publicidad de la Empresa Cubana del Tabaco (CUBATABACO). Allí empieza mi relación con los coleccionistas, que se acercaban a la agencia en busca de anillos de tabacos y de información. Muchos me regalaban alguna pieza. Así comencé a fomentar mi colección, que ha ido creciendo y ya tiene un buen número de objetos. Colecciono muchos artículos relacionados con el tabaco, pero mi colección más importante, a la que presto mayor atención, es a la de anillos de tabaco, o vitolas, como también se les llama.

Los términos vitola, vitolfilia, habilitación, etc., tienden a confundir a quienes desconocemos el tema. ¿Podría explicarnos en qué consiste cada uno de ellos?

Empecemos por la palabra «vitola», que tiene distintas acepciones. Vitola es el anillo o faja de papel que se coloca a cada puro para identificar el tipo de tabaco y la fábrica. Vitola también se llama a un puro determinado, que se diferencia de otros en el largo, el calibre, el grueso y en la forma.
El nombre de vitola proviene de un instrumento que se utilizaba antiguamente para medir el calibre de los proyectiles, fundamentalmente de cañón. De ahí, por una cuestión de semejanza, viene el nombre de vitola en los tabacos.
«Vitolfilia» es la afición a coleccionar vitolas o anillos de tabaco, por lo que a la persona que colecciona estos objetos se le conoce como vitólfilo.
El término «habilitación» es más usado en la industria. Así se denomina a las distintas litografías o etiquetas utilizadas para vestir las cajas de tabacos, tanto por dentro como por fuera. Existen en total 13 tipos diferentes de habilitaciones. Algunas de las más usadas son la cubierta, que va pegada en la tapa de la caja; la vista, que va fijada en el reverso de la tapa; el bofetón, que, al cerrarse la caja, cae encima de los tabacos para protegerlos; el costero, que va por uno de los lados, y se usa con fines de inventario, ya que contiene la información: vitola, tipo, cantidad, y en ocasiones la marca. A veces se considera el sello de garantía como parte del conjunto de habilitaciones, pero en realidad es un sello oficial del Estado cubano que llevan las cajas con destino a exportación y sirve para garantizar la procedencia del tabaco. Muchas veces se cuenta también el anillo dentro del juego de habilitaciones.
Hay quienes incluyen a las habilitaciones dentro de la vitolfilia, y últimamente se ha dado en llamar «habilitolfilia» a la afición a coleccionarlas, término usado sobre todo por los españoles.
«Memorabilia» es una palabra proveniente del anglosajón, no tiene traducción literal al español, y se refiere a objetos coleccionables relacionados con personas, eventos o hechos de importancia.
Se conoce como «memorabilia» tabacalera a todos aquellos objetos relacionados con el hábito de fumar, digamos ceniceros, encendedores, pitilleras o cigarreras, pipas, guillotinas, hasta souvenires y carteles…, son muchas cosas.

En 1986 junto a otros coleccionistas funda usted la Asociación Vitolfílica Cubana, de donde es electo presidente. ¿Cómo y por qué surge la iniciativa?
La Asociación Vitolfílica Cubana había existido en una primera etapa desde 1955 hasta 1959, probablemente, pues hasta ahora la fecha no ha sido precisada. Se conoce que desde fines de 1959 la antigua Asociación anunció entre el 21 y el 26 de abril de 1960 la presentación de una Exposición Vitolfílica Internacional que contaba con el patrocinio de la entonces sección de Cultura del Gobierno Revolucionario y la Escuela Nacional de Periodismo.  No sabemos si la exposición llegó a ser inaugurada, ya que a partir su anuncio no se ha encontrado más información acerca de aquella primera etapa de la institución.
Cuando yo trabajaba en la agencia publicitaria muchos coleccionistas propusieron crear una nueva Asociación, por lo que en uno de los primeros artículos sobre Vitolfilia publicados en la revista Cubatabaco invitamos a los lectores coleccionistas a que nos escribieran manifestando su disposición de pertenecer a la nueva institución que sería creada. Inmediatamente comenzaron a llegar numerosas cartas.
La nueva Asociación se fundó en 1986. Salí electo presidente, cargo que ocupé hasta diciembre de 1994, cuando pasé a ocupar el de secretario, y desde diciembre del año pasado, 2011, soy el vicepresidente.
Al inicio nuestro órgano de relaciones fue el Ministerio de la Industria Alimenticia, al cual también pertenecía Cubatabaco, pero a fines de 1989 el Ministerio de Cultura se hizo cargo de la actividad comercial de la vitolfilia, sustituyendo al Ministerio de la Industria Alimenticia.
A principios de 1990 se crea la galería La Vitola, que dirigí desde su fundación hasta 1997, cuando me acogí a la jubilación. Pocos años después ese espacio dejó de funcionar.
Durante sus años de existencia la galería sirvió de sede a la Asociación. En la actualidad contamos con cerca de 300 miembros. Pese a que la Asociación no tiene una sede propia, el Ministerio de Cultura realiza gestiones para que podamos contar con un local apropiado, donde llevar a cabo las reuniones, efectuar las subastas que se realizan periódicamente, presentar exposiciones…
No obstante el trabajo no se detiene, y en muchas oportunidades hemos presentado muestras en el Museo del Tabaco, las Casas del Habano, hoteles de La Habana y en varios eventos tanto nacionales como internacionales. Incluso se han montado en dependencias de la Marina de Guerra Revolucionaria, de la Policía Nacional Revolucionaria, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias; y en otras provincias del país, como Cienfuegos, Matanzas, Santiago de Cuba, Pinar del Río y Artemisa.

¿Existe alguna bibliografía o catálogo acerca del coleccionismo de anillas y de memorabilia tabacalera?

Libros sobre tabaco hay muchos; algunos recientes, otros no tanto. Aunque es posible que exista alguno anterior, el más antiguo que recuerdo fue publicado en 1950 y es un catálogo muy valioso de marcas de tabaco, por Isidro Sureda, un coleccionista español ya desaparecido.
Particularmente sobre vitolfilia existen otros libros muy importantes. Uno de ellos es Cien Anillas de Calidad en la Litografía Tabacalera, escrito por el madrileño Florencio Giménez Caballero; a mi juicio el coleccionista más importante del mundo. De autores cubanos hay obras muy meritorias, como las de Antonio Núñez Jiménez, Zoila Lapique, Enzo Infante y Adriano Martínez. Algunos se refieren al coleccionismo, otros a la historia de las fábricas de tabacos.
Yo estoy trabajando ahora en un catálogo digital de marcas de tabaco de todo el mundo; voy por más de 6 mil cuatrocientas marcas de 37 países, pero la mayor parte de ellas son cubanas.

¿Cuál usted definiría como el momento de mayor esplendor dentro de la litografía tabacalera?
La época de oro de la vitolfilia se ubica en los años finales del siglo XIX y principios del XX, por la calidad de las piezas, que eran dibujadas a mano y se imprimían con piedras litográficas. En ese tiempo también comenzó a emplearse el pan de oro, una lámina muy delgada de ese metal precioso que se incrustaba en anillas y habilitaciones. También fue introducido el uso del relieve, que producía en el impreso una sensación de profundidad o de tercera dimensión.
Pero grabar las piedras e imprimir con ellas resultaba un trabajo arduo y lento, por lo que paulatinamente se fue sustituyendo por el uso de impresoras offset, mucho más rápidas, capaces de imprimir miles de anillos por minuto.
Sin embargo, para los coleccionistas las litografías en piedras son más valiosas, especialmente las que presentan pan de oro, relieves y un amplio colorido. Las piezas de aquella época conservan en todo su esplendor el brillo del oro y la intensidad de sus colores. Claro, hay anillas y habilitaciones que estimo más que otras. Son esas piezas de las que te hablaba, hechas a fines del siglo XIX, porque son las más bellas.
Pero con el mismo amor conservo desde las más antiguas hasta las más modernas, como esas preciosas habilitaciones de la marca Vegas Robaina que llevan el retrato de don Alejandro Robaina Pereda, quien fuera no solo un gran cosechero de tabaco y un gran amigo, sino también miembro activo de nuestra Asociación Vitolfílica Cubana.

¿Qué valor usted le concede al uso de las vitolas y de las habilitaciones?

Tanto las anillas como las habilitaciones cubanas tienen una historia muy rica. Si bien las primeras fábricas de tabaco del mundo fueron las de Sevilla (1620) y Cádiz (1731), las primeras marcas, las primeras anillas y las primeras habilitaciones nacieron en Cuba. Estas dos últimas hacia mediados del siglo XIX. Su uso fue rápidamente imitado  por fabricantes cubanos, y posteriormente por el resto del mundo. En esa época Ramón Allones— quien en 1845 había fundado la fábrica de tabacos La Eminencia, en la calle Ánimas número 129, La Habana— comenzó a envasar sus puros en cajas más pequeñas, y adornarlas con etiquetas litografiadas, con lo que la procedencia del tabaco podía ser identificada con más facilidad.
Antes de eso, el tabaco se exportaba en unos cajones grandes de madera que contenían alrededor de 10 mil piezas y la única identificación que tenían era un sello grabado al fuego en los cajones.
Así eran exportadas, compradas por comerciantes, y el tabaco llegaba al consumidor sin ningún tipo de identificación. Pero a medida que fue extendiéndose el uso de anillas, habilitaciones, e incluso de los envases, se ofreció al comprador de tabaco garantía y confiabilidad sobre la calidad y la procedencia del producto.

¿Qué consejos les ofrecería a quienes quisieran llegar a ser buenos vitolfílos?

En primer lugar, que no se limiten a acumular piezas, que las estudien, que investiguen su procedencia.
En segundo lugar, que seleccionen previamente la forma en que van a ordenar su colección, y que comiencen desde el primer día, porque si la colección llegara a alcanzar varias decenas de vitolas se enfrentarán a la difícil situación de no saber si ya poseen cada nueva pieza que llegue a sus manos.
Hacer una colección requiere esfuerzo, dedicación. Es importante saber el valor que ésta posee. Cada pieza encierra un poco de historia, la historia de una marca, de una fábrica, de un fabricante, es una forma más de enriquecer nuestra cultura.

Yadira Calzadilla Riveira
Egresada del diplomado
Panorama histórico, socioeconómico y cultural
de la industria tabacalera en Cuba
, del Museo del Tabaco


Desde hace más de trés décadas, Orlando Arteaga está vinculado al mundo de la vitolfilia, siendo su colección de anillas de tabaco una de las más preciadas, por la variedad de marcas y su antiguedad. Sus piezas más antiguas datan de fines del siglo XIX y corresponden a marcas cubanas, una de ellas es Cabañas, nombre igualmente de la primera fábrica de tabaco de la cual existen referencias comprobadas históricamente, surgida en el siglo XVIII.