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El reciente mes de octubre, la guayabera fue declarada prenda oficial para los actos del ceremonial diplomático del Estado y del gobierno de Cuba.

Esta prenda tradicional cubana puede adquirirse sin salir del Centro Histórico de La Habana. Paseando por Obispo, una de sus calles más antigua, nos encontramos con el Centro de Desarrollo Artesanal El Quitrín, situado frente al Colegio Universitario San Gerónimo.Taller y tienda a la vez, este establecimiento pertenece a la Federación de Mujeres Cubanas y pone a la venta sus propias creaciones, además de ofrecer la posibilidad de hacerse una guayabera a la medida. Asimismo, aquí las propias artesanas imparten cursos sobre confección.
Si subimos por la calle Tacón, topamos con la pequeña tienda La Guayabera la que, perteneciente a Habaguanex (Oficina del Historiador), oferta guayaberas de tres marcas: Habaneras y Compay II, originales de Panamá, y Criolla, de confección cubana.
Para llegar al taller de Emiliano Nelson, un sastre habanero que elabora estas prendas, hay que adentrarse un poco más y caminar hasta la calle Villegas. «La guayabera se tiene que potenciar ya que representa la cubanía, la cultura, el país, además de ser una de sus imágenes», responde ante una de nuestras interrogantes, este artesano que ha vestido a personalidades reconocidas a nivel internacional como Chucho Valdés, Sting, la cantante sudafricana Miriam Makeba o el actor norteamericano Danny Glover.
Nacido en 1961 en La Habana Vieja, Emiliano Nelson es técnico de nivel superior en confecciones textiles. Sus conocimientos sobre el mundo de la costura y el diseño —no obstante— se basan, desde su infancia, en el aprendizaje directo con sastres, cortadores y diseñadores.
La pasión por el trabajo, especialmente centrado en la creación de nuevos diseños de guayaberas, es el tema que aborda esta entrevista para Opus Habana sobre el pasado, el presente y el futuro de esta pieza que ha sido declarada prenda oficial de Cuba para las ceremonias diplomáticas o de Estado.

¿Pudiera explicar en qué consiste su trabajo?

Consiste fundamentalmente en hacer guayaberas. Yo hago de todos los diseños, pero especialmente trabajo la guayabera tradicional. De todas maneras en el taller confeccionamos cualquier prenda, siempre y cuando la guayabera nos lo posibilite. Como tengo colocadas guayaberas en el Palacio de la Artesanía y en los hoteles Nacional y Meliá Cohíba, debo reponer y renovar las que se venden. Aquí en la calle Villegas solamente está mi taller, aunque de vez en cuando salen directamente por algún encargo.

¿Cuántos trabajan en el taller?

En este momento hay tres trabajadoras. Una es la auxiliar, que se dedica al planchado, a recortar hilos, a poner botones… Las otras dos preparan las alforzas y cosen. Cuando trabajamos con una guayabera del estilo artesanal con deshilachado, una de ellas se dedica a ello específicamente. Yo soy el diseñador, modelista y el que orienta el trabajo. En un momento determinado, cuando es necesario y tenemos prisa para terminar algo, también asumo una máquina.

¿Hay distintos tipos de guayaberas a nivel de confección?

La más importante —y la de hoy en día— es la guayabera tradicional cubana, la que tiene alforzas. En los inicios era una camisa con cuatro bolsillos únicamente, pero esta prenda se ha transformado de manera constante durante los 200 años que lleva de existencia. Hubo un sirio que vino a Cuba a principios de siglo y empezó a confeccionar guayaberas. Fue el que introdujo el dibujo de las alforzas que cambió la estética para mejor, evidentemente. Y es a partir de ahí que se empezó a conocer como la guayabera tradicional.

Existen distintas historias sobre el origen de la guayabera, ¿cuál defiende usted?

Es difícil hablar del origen específico, pues es muy antiguo. Todas las referencias dicen que hace unos 200 años en Cuba surgió la camisa y que, en un momento determinado, se empezó a denominar guayabera. Existen muchas versiones distintas y, en realidad, no hay nada escrito. Solamente están los comentarios. Pero como nació en el campo y las cosas del campo demoran en llegar a la ciudad, que es donde se hacen populares… Sin embargo, sí puedo afirmar que la guayabera es cubana porque la historia refleja los momentos que en otros lugares del mundo se comenzó a llevarla, y siempre fue desde Cuba.  En aquellos sitios en los que actualmente se venden y se confeccionan guayaberas —incluso en la China, donde desde hace rato se hacen—, se sabe que partieron de Cuba con los cubanos emigrantes. Otro es el caso de los mexicanos, quienes durante la década de los años 30 las compraban en Cuba y las llevaban a su país y, a partir de ahí, surgió la yucateca. No hay nada que demuestre que antes de esas fechas en otros lugares existieran guayaberas.

¿Por qué el nombre de guayabera? ¿Cuál es su origen denominativo?

Inicialmente se llamaba yayabera, dado el lugar donde nació, junto al río Yayabo, en  Sancti Spíritus. Posteriormente, surgió el nombre de guayabera, debido a que los campesinos echaban las guayabas en los bolsillos que tenía la prenda. Se decía, muchas veces, que dichas frutas silvestres las recogían por el camino, y eran los regalos que llevaban los domingos, días de visitas, a las novias. Y de aquí el nombre de guayabera, que es el que ha permanecido y el oficial, aunque la hayan llamado de distintas formas en dependencia con la zona. En Camagüey la denominaban camagüeyana, también se le ha dicho camisilla y la ya mencionada yucateca, entre muchas otras.

¿De dónde viene su vinculación con las guayaberas?

Mi vinculación fue casual. Años atrás, trabajaba en el Departamento técnico de confección del Ministerio de la Industria Ligera, y una vez fui a un taller que se llama Lazo de la Vega a hacer un trabajo que no tenía nada que ver con la guayabera. Fue durante el llamado Periodo Especial en Cuba, entonces me dedicaba a utilizar los retales que quedaban de los cortes de la confección y con ellos hacía diseños. Un día, la jefa del Departamento de Calidad me explicó que desde hacía años la empresa tenía necesidad de lograr hacer nuevamente la guayabera en Cuba. Me preguntó si yo estaba interesado en formar parte de este trabajo, y acepté.
Se hicieron pruebas con distintos modelos y diseños en lo que antes era la Unión Textil de Confección, el lugar fundamental que regia todos los talleres y las empresas de confecciones de la industria textil, y el modelaje se fue cambiando para que quedara perfecto. Ya después se empezaron a confeccionar las guayaberas.
Mientras estaba haciendo este trabajo, yo iba a la Biblioteca Nacional a investigar  lo que realmente era la guayabera y de dónde venía, ya que nunca antes me había llamado la atención. En aquel momento, años 90, la guayabera no gozaba de publicidad ni era del gusto de la mayoría de la población. La investigación me reveló la real importancia para los cubanos que tenía esta prenda, siendo parte de nuestra cultura, nuestra vestimenta principal y algo que se creó propiamente aquí. A partir de ahí ,tuve mucha más consciencia del trabajo que estaba haciendo. Además pienso que si uno no pone ni siente amor en lo que hace, seguramente no le va a quedar bien nunca.

¿Fue en este momento que usted decide poner su propio taller?

No. Sucedió que la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores organizó uno de sus foros anuales donde se presentaban los trabajos más relevantes y dentro de éstos premiaban a los mejores. Y yo presenté el mío. Recibió una mención por el aporte que había hecho dentro de la Industria Ligera, ya que consiguió reducir los índices de consumo del tejido y el tiempo de producción. Se hacían más guayaberas en menos tiempo y mejoró la calidad de la prenda.
Más tarde, por determinadas circunstancias, salí de la Industria Ligera. Decidí que haría mis propias guayaberas. Inicialmente me demoré un poco porque quería crear las condiciones necesarias para hacerlas con calidad. Abrí mi taller en el año 1995, preparé una colección, la presenté en la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA), y comencé a crear nuevos diseños de guayaberas, algunos de los cuales ya incluían deshilachados.

A la izquierda, una guayabera perteneciente a colecciones del sastre Emiliano Nelson (a la derecha).

¿Qué particularidades destaca usted en la prenda de la guayabera?

La guayabera tiene una composición de camisa, pero es una pieza mucho más bonita y elaborada porque, además de los bolsillos que le dan comodidad, posee las alforzas, así como deshilachados y otros diseños que puedan aplicarse. Pero fundamentalmente destaca por su frescura y su elegancia. Es una prenda con la que puedes presentarte, especialmente si es de mangas largas, en cualquier sitio y a cualquier hora, y vas a estar tan elegante como si llevaras un traje.

¿Qué diferencias existen entre la guayabera masculina y la femenina?

La tradicional y originaria es la de hombre, aunque con el tiempo fueron surgiendo los vestidos guayabera, a las mujeres les gustaron, y se fueron confeccionando. La femenina tiene más oportunidades porque la mujer puede llevar tanto una blusa como un vestido, una pieza única que ya la vista entera. Para el hombre la guayabera es la prenda superior y, por lo tanto, requiere un pantalón adicional.

¿Qué materiales usa usted para confeccionar esta prenda y cuáles son los colores típicos y los más usados?

Yo utilizo fundamentalmente algodón y lino, ya que son materiales más frescos. Sin embargo, se han hecho guayaberas de poliéster, las mexicanas generalmente son todas de este material. En cuanto al color, el original es el crudo. Ya en el siglo pasado, en la década de los años 50, la guayabera que más se usaba era la blanca y es el color que ha sido declarado como oficial, especialmente por su pureza y por el clima cubano. Pero a la hora de la verdad se hacen de todas las tonalidades: azul, amarilla, verde…, de acuerdo con el gusto de la persona que la usará.

Desde el 6 de octubre la guayabera ha sido declarada prenda oficial en Cuba por ser «una de las más auténticas y legítimas expresiones de cubanía» y por «combinar elegancia y comodidad para un clima tropical como el nuestro». Más allá de su justificación cultural, ¿cree que existe también una justificación económica con esta declaración de oficialidad?

Es evidente que las razones culturales son las principales, pero es verdad que las económicas pueden ser importantes en este caso porque si la guayabera, que surgió en Cuba  —igual que el son, hablando de música— y otras personas la han explotado, y muchos viven de eso, ¿por qué nosotros que somos dueños absolutos de la creación y de darle vida a la guayabera no vamos a recibir ganancias por ello? Siempre respetando los patrones de calidad, evidentemente; nunca he antepuesto mis ganancias a la calidad. Porque hay que evitar que se dañe algo que representa la cubanía, la cultura, el país y que es una de sus imágenes.

¿Cómo cree que cambiará la producción de guayaberas después de esa declaración? ¿Cree que aumentarán la producción y la demanda?

Pienso que debe aumentar su producción, especialmente en Cuba, ya que se confeccionan guayaberas en muchas otras partes. Aquí se venden unas guayaberas llamadas habaneras que lo único que tienean de cubano es el nombre, porque se hacen en Panamá. Creo que si aquí nació la guayabera, si hay condiciones para hacerlas —y está demostrado que se puede porque ya en los años 90 yo hice este trabajo— se tiene que conseguir una buena producción de esta prenda. Hasta ahora, no sé si por falta de organización o por la crisis económica, la producción cubana de la guayabera no ha podido mantener la cantidad o la producción necesaria para abastecer los diferentes puntos de venta. Pero se puede hacer. Con esta declaratoria —y si realmente se aplican todos los conocimientos para poder confeccionarla— la producción debe aumentar, pero repito, sin olvidar la calidad.

¿Cómo vincula su producción con la recuperación del patrimonio nacional aquí en el Centro Histórico?

Siempre me he considerado un integrante del patrimonio y de toda esta recuperación. Nací en La Habana Vieja, soy parte de ella, y cuando he estado fuera de Cuba, extraño enormemente pasear por sus calles, algo que cada domingo hago. Me apasiona caminar y ver los edificios que se van restaurando y cómo está quedando todo. He tenido el placer de vivir la transformación del Centro Histórico, de mi entorno, y pienso que, como decía Carpentier, La Habana Vieja es lo real y lo maravilloso. Para mí sería algo formidable poder dar mi aporte al patrimonio nacional.

Anaïs Vila
Colaboradora de Opus Habana