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 En la Habana Vieja ha sido emplazada durante el mes de marzo una instalación, en la cual se ha pretendido dialogar imaginariamente con unos bocetos de la famosa Venus de Milo, antes de que fuese esculpida en mármol.
El mes de marzo, que se presta muy bien para el homenaje femenino, ha sido el momento ocasional para el recuerdo de una de las imágenes más conocidas dentro de la iconografía del arte: la Venus de Milo.

 Para los creadores es importante el estudio integral de una obra artística de su admiración. Cuando esto sucede, indagan hasta conocer el proceso creativo de la misma, para así estar complacidos. Con seguridad algo similar le pudo haber ocurrido al joven Ioán Carratalá Corrales (Ciudad de La Habana, 1984), un recién egresado de la Academia de Bellas Artes de San Alejandro en el pasado año. Aunque –al parecer– sus inquietudes han estado más allá del mero hecho mimético.
«Antología de una Venus» constituye una designación exacta para su propuesta instalativa emplazada en la segunda planta del Centro Provincial de Artes Plásticas (Luz y Oficios), sitio de consulta del arte cubano contemporáneo.
Se trata de una muestra que requirió de la recreación y hasta el desenfado, para concluir en la idea del museo dentro de la galería. Aquí el espacio expositivo fluctúa hacia lo ficticio, y el conjunto artístico de la célebre escultura debe ser aprehendido a partir de sus fragmentos. Atinada propuesta «museológica» que pretende adentrarse en aspectos como el del origen, la historia y la interpretación. Bajo la égida del 3, Carratalá pudo interpretar, copiar y/o recrear los supuestos restos arqueológicos de la clásica Venus, agrupándolos luego en las áreas de los brazos, las piernas-torso-cabezas y de la imagen final conocida. Ésta es, precisamente, su convención visual, que recrea de un modo diferente la historia particular de las partes de esa pieza escultórica. Y para su mejor entendimiento, lo ideal era el aislamiento de las unas con respecto a las otras.
Con esta postura, el joven escultor ha procurado entender e ilustrar lo histórico desde otro ángulo. El resultado de su propuesta creadora ha dado solución a ciertas incógnitas: aquellas dirigidas a desentrañar la historia casi exacta de una obra como la Venus de Milo, de autor –por demás– desconocido. Esta exposición colinda, al unísono, con la veracidad y la fábula. ¿Qué resulta entonces? Otro enfoque, un intento de reconstrucción histórica que nos debe hacer dudar de lo presentado. Aquí, la verdad resulta aparente. Estamos frente al rescate arqueológico de «fidedignas pruebas», con las cuales es permisible enriquecer un mito del arte antiguo.
Los brazos y las manos, los rostros y los pies modelados conforman el eje del intento reflexivo. Hay porciones que nos resultan familiares, pero el tratamiento ahora es completamente diferente. Los incógnitos brazos y las ocultas piernas de la verdadera Venus son para algunos una inquietud. Tengamos en cuenta que varias obras escultóricas de la antigüedad son bellas por la ausencia –a veces– de un componente formal.
Al intentar armar una historia sobre la Venus de Milo mediante un (efímero) emplazamiento museológico, este joven creador ha tenido un logro real: pensar un momento del arte desde el arte mismo sin copiarlo. Ioán Carratalá ha escapado de la mímesis y de la exquisita visualidad. Él ha hecho gala del fragmento como imagen total.