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En la mañana del pasado sábado 14 de julio, el Aula Magna del Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana acogió el Acto Nacional por el Día del Historiador, un emotivo encuentro para homenajear a aquellos veladores de la historia, la cultura y la identidad cubanas. La fecha fue instituida por la Unión Nacional de Historiadores de Cuba para recordar el día en que Emilio Roig de Leuchsenring fue designado Historiador de La Habana, el 1ro. de julio de 1935. De forma particular, el acto rindió tributo al 80 aniversario de la creación, por el Doctor Roig, de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, suceso acaecido en junio de 1938.

En representación de los miembros de la Unión de Historiadores, y confirmando la dedicatoria de este aniversario al 80 onomástico de la Oficina del Historiador le fue entregado al Historiador una obra del artista Nelson Domínguez que lleva por título «Carta de José Martí a Manuel Mercado»

En la mañana del pasado sábado 14 de julio, el Aula Magna del Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana acogió el Acto Nacional por el Día del Historiador, un emotivo encuentro para homenajear a aquellos veladores de la historia, la cultura y la identidad cubanas.
La fecha fue instituida por la Unión Nacional de Historiadores de Cuba para recordar el día en que Emilio Roig de Leuchsenring fue designado Historiador de La Habana, el 1ro. de julio de 1935. De forma particular, el acto rindió tributo al 80 aniversario de la creación, por el Doctor Roig, de la Oficina del Historiador de la Ciudad  de La Habana, suceso acaecido en junio de 1938.


Presidieron la actividad Roberto Montesinos, jefe del Departamento de Propaganda y Cultura del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC); Luis Antonio Torres Iríbar, primer secretario del Comité Provincial del Partido en La Habana; el Doctor Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de La Habana; Reinaldo Zapata García, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular de La Habana, y el Master Jorge Luis Aneiros Alonso, presidente de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC).


También se encontraban presentes el viceministro de Cultura, Fernando Rojas; el Doctor Eduardo Torres Cuevas, presidente de la Academia de Historia de Cuba; René González Barrios, al frente del Instituto de Historia de Cuba; Gladys Collazo, del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural; Raúl Izquierdo Canosa, director durante varios años de la Unión de Historiadores; Andrés Zaldívar Diéguez, representante de la UNHIC en La Habana; premios nacionales de Historia, dirigentes y miembros de instituciones y asociaciones dedicadas a la investigación histórica, integrantes de la Academia de Historia de Cuba, el secretariado nacional de la UNHIC y afiliados habaneros.
El Aula Magna del Colegio Universitario, sin dudas, se colmó esa mañana de historia y patriotismo. Se encontraban, además, invitados descendientes de héroes y mártires de la lucha por la independencia de Cuba en sus diferentes etapas. El primer bloque fue presentado por el Miembro del Movimiento 26 de Julio, Abelardo Padrón Valdés, investigador y especialista en temas históricos.
«Me corresponde el privilegio de presentarles, como invitados especiales, a descendientes de aquellos que con arrojo y decisión marcaron el camino de la lucha que continñua hoy nuestro pueblo, que siempre se han mantenido fieles a la causa revolucionaria, agrupados en La Mambisada», dijo Padrón Valdés refiriéndose al grupo de descendientes de generales y mambises que se han agrupado de esta forma, como una gran familia, durante 45 años. Entre ellos se encuentraban la nieta de Juan Gualberto Gómez, los descendientes del general Quintín Bandera, de Flor Crombet, Ramón Leocadio Bonachea, Serafín Sánchez, Vicente García, Guillermón Moncada, entre otros.


 Por su parte, Alfredo García Bertrand, presidente de la Sección de Base de la Unión de Historiadores de Cuba en la Asociación de Combatientes, fue el encargado de anunciar al segundo grupo, una representación de descendientes de mártires de la lucha contra la tiranía batistiana, agrupados en el Club Martiano Herencia Rebelde.
Para culminar el momento de presentaciones, se recordó a entrañables historiadores arrebatados por la muerte, «y en cuyas obras se reflejan las facetas todas de nuestra cubanía», dijo Eddie Quiñones Díaz de Villegas, coordinador y organizador de la UNHIC. Especialmente, Díaz de Villegas agradeció la presencia de los familiares de Ramiro Guerra, Julio Le Riverend –presidente fundador de la Unión de Historiadores de Cuba–, Jorge Ibarra Cuesta, Manuel Moreno Fraginals, Violeta Serrano (quien condujo la Oficina del Historiador tras la muerte de Emilio Roig), y otros.
Más adelante en la actividad, el electo Presidente Nacional del Secretariado de la UNHIC, Jorge Luis Aneiros Alonso, se refirió a los logros y retos de la institución que representa en el actual período, y convocó a trabajar intensamente en vistas al XXIII Congreso de la Unión de Historiadores, a celebrarse del 16 al 18 de abril del 2019, con expresa dedicatoria al bicentenario de Carlos Manuel de Céspedes.


Presidente Nacional del Secretariado de la UNHIC, Jorge Luis Aneiros Alonso

 En representación de los miembros de la Unión de Historiadores, y confirmando la dedicatoria de este aniversario al 80 onomástico de la Oficina del Historiador, Aneiros Alonso y la Directora Provincial de Cultura de La Habana, Lizette Martínez Luzardo, entregaron al Doctor Eusebio Leal Spengler una obra del artista Nelson Domínguez que lleva por título «Carta de José Martí a Manuel Mercado».


El Doctor Leal Spengler recibe una obra del artista Nelson Domínguez


 El Historiador de la casi quincuacentenaria villa también fue agasajado, junto a otros Premios Nacionales de Historia –como María del Carmen Barcia, Ibrahim Hidalgo, Pedro Pablo Rodríguez, Rolando Rodríguez García, Mario Mencía Cobas, y otros–, con la condición de Miembro de Honor de la UNHIC según plantean sus Estatutos, dijo el vicepresidente primero de la organización, Fabio Fernández Batista, encargado de anunciar la condición.
El Día del Historiador es también la fecha en que se reconoce el trabajo de afiliados destacados. En La Habana fueron reconocidos con la distinción Fernando Portuondo –otorgada por los resultados destacados en la enseñanza de la Historia–, Jorge Juan Lozano y Aracelis Torres. La distinción Máximo Gómez, por los resultados en el campo de la historia militar y de las agresiones contra Cuba, recayó en los Coroneles Angel Edil Jiménez y José Buajasán Marrawi. Y por los resultados relevantes en el campo de la archivología, se destacó la labor de Martha Ferriol, Elvira Corvelle, Miriam Ruiz y Marta Casals.
La cita contó con dos momentos culturales, muy especiales, el primero por el coro Schola Cantorum Coralina, que dirige la Maestra Alina Orraca, y el segundo protagonizado por la hija del historiador José Luciano Franco, la profesora Rosario Franco, quien deleitó al piano con obras de Chopin, Schumann y Alfredo Diez Nieto.


La Schola Cantorum Coralina protagonizó uno de los momentos culturales de la ceremonia


Por la significación que tiene para la historia de Cuba, aún en la contemporaneidad, la obra del primer Historiador de la Ciudad de La Habana, el Doctor Emilio Roig de Leuchsenring, no se pasó por alto recordarle. Fue precisamente su discípulo, el Doctor Leal Spengler, quien revivió al insigne historiador a través de sus obras y acciones, su paradigmático compromiso con el pasado.
Fue uno de los más férreos antiimperialistas e impulsores del rescate del patrimonio, afirmó. «Nos enseñó que la decencia del concepto de la investigación y de la historia de Cuba pasa por reconocer que, primero, que Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos, y segundo, que tiene que haber de forma natural una vocación antiimperialista, real, que nace del ansia de Cuba, y que nos acompaña aún hoy, de liberarse del acecho, la tutela, las cortapisas, resúmase en la palabra que se utiliza casi técnicamente dentro y fuera de Cuba, el bloqueo», señaló el Historiador.
En sus palabras, Eusebio Leal Spengler calificó la obra de Roig como de «inefable, prolífera y amplia, de visión tan profunda de su tiempo y del futuro. Él creía que no se podía ir al futuro sin el pasado, y de él tomar todo lo virtuoso, lo importante, lo no perecedero, y aún analizar los errores, los necesarios extravíos. Y para eso se valió de la articulación de un sistema institucional», agregó.
Promotor de los estudios sobre la villa consagrada a San Cristóbal; de los Congresos Nacionales de Historia, la Biblioteca Cubana y Americana –a la cual contribuiría junto a su amigo Fernando Ortiz–, actor del noble propósito de crear la Biblioteca Nacional de Cuba; fundador de la Sociedad Cubana de Estudios Históricos Internacionales y de tantas otras aventuras contra la desmemoria, la ruina y el descuido, «se consagró a la investigación histórica de Cuba, el Caribe y el continente», señaló Leal.
Pero, «no fue su única obra. Creó también una institución para la defensa de la tradición del folclor y la arqueología, tanto social, industrial y precolombina» (…) «Pero creó también la Comisión Nacional de Monumentos y Sitios Históricos. Creó también, como instrumento de su trabajo, la Oficina del Historiador, que diseñó a su forma y manera, tomándola como una plataforma útil para actuar y dirigir sus históricas campañas por una nación en una Cuba libre, defendiendo el laicismo como una conquista de la República».


Leal Spengler calificó la obra de Roig de una profunda visión de su tiempo y del futuro «Roig no fue un político, pero, toda su vocación la volcó cerca de los elementos más progresistas y próximos a su ideal libre pensador, anticlerical, enemigo de la presencia de ninguna secta por religión en la educación pública, conocedor profundo de la naturaleza del pueblo cubano trató por todas las vías, de llevar adelante, y lo hizo, un acercamiento a esos elementos tan fundamentales para los cuales prestó su pluma como periodista y como orador», afirmó el también Maestro Mayor del Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana.
«En este lugar que, en ocasión del 80 aniversario de Comandante Fidel Castro, se inauguró como un colegio universitario, adscrito como facultad a la Universidad de La Habana, casi ya tricentenaria, devolviendo el continente al contenido, acto valiente y únicamente posible de realizar en una Revolución. “Que salga el Ministerio”, dijo. “Que se devuelvan los estudios universitarios, y que vayan allí los archivos, que tengan su sede las Academias Cubanas, de la Lengua y de la Historia, rectores en estas artes del pensamiento”. De aquí salieron los estudiantes del ’71 (1871) a su amargo martirio, aquí está presente todavía la huella de Céspedes, el timbre de la voz de Agramonte. Aquí estudió y estuvo presente Saco, libró asignaturas el Padre Varela, y por esta calle se iba cómodamente al Seminario de San Carlos y San Ambrosio y también a la calle donde Roig vivió y donde murió finalmente aquel día de agosto de 1964».
Antes de finalizar, el Historiador de la Ciudad de La Habana compartió una necesaria reflexión. En el llamado a fortalecer el trabajo de la Unión, y su propsperidad, apuntó como lo más importante: «que logremos transmitir a las jóvenes generaciones, más que los papeles, la pasión de las palabras, esa lealtad profunda. No olvidemos nunca que si nos podemos reunir hoy es porque Fidel consagró la unidad nacional y porque logró lo que era imposible: conservar intacto el Estado revolucionario, el poder político desde el cual se puede hacer la Revolución y la Historia».


Thays Roque Arce
Habana Radio