Semanario Especial Opus Habana : Opus Habana. Semanario Digital.
CLAVES CULTURALES DESDE EL CENTRO HISTÓRICO
Boletin No.80/2004  
 
 Lunes 26 de julio



     

Inauguran Museo de la Farmacia Habanera
En el inmueble que ocupara la farmacia La Reunión, antigua propiedad de la célebre familia Sarrá, sito en Teniente Rey y Compostela, fue inaugurado —este viernes 30 de julio— el Museo de la Farmacia Habanera.


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La Reunión, su historia
En su momento, La Reunión fue considerada la mayor farmacia de Cuba y la segunda del mundo en el siglo XX. Hoy es la sede del Museo de la Farmacia Habanera.


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La Reunión, su restauración
Desde 1999 la Oficina del Historiador de la Ciudad había decidido convertir este famoso dispensario en sede del Museo de la Farmacia Habanera.


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Inauguran Museo de la Farmacia Habanera
Esta obra ha sido considerada por el Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal Spengler, como «una de las más importantes de la restauración de la Habana Vieja».

 Según Eusebio Leal, se han precisado de decenas de años para reunir los frascos y otros ceramios que hoy se exponen en el recién inaugurado Museo de la Farmacia Habanera.
Muchos de ellos fueron salvados en su momento; otros, se conservan gracias a la generosidad de los donantes, pero —la mayoría— fueron encontrados mediante las excavaciones arqueológicas en el Centro Histórico.
En ese sentido, expresó, «la Arqueología volvió a demostrar su utilidad, pues se hallaron frascos con sus correspondientes etiquetas o inscripciónes, los datos del comercializador, la ciudad de origen, y hasta con restos de los medicamentos que contenían».
Fundada en 1853, la farmacia La Reunión —que desde un inicio ocupara el inmueble de Teniente Rey 41, esquina a Compostela— se fue expandiendo al comprar su propietaria, la sociedad Sarrá y compañía, varios de las edificaciones colindantes. Entre ellas, la sede del antiguo Colegio del Salvador, fundado por José de la Luz y Caballero en 1848.
Precisamente, este último inmueble es otro de los objetivos del proceso restaurador, señaló Leal, quien también se referió a las obras sociales que se están llevando a cabo en ese entorno, vinculadas a la remodelación del antiguo Monasterio de Santa Teresa.
Con la restauración de La Reunión, son tres las farmacias habaneras recuperadas, pues ya lo fueron años atrás Johnson y Taquechel, ambas fundadas también en el siglo XIX, pero en la calle Obispo.
En lo que va de año 2004, se han inaugurado —entre otros proyectos restauradores— la sala de conciertos del Oratorio de San Felipe Neri (Obrapía y Aguiar) y, recientemente, el Museo Numismático, en Obispo 305. Estas dos últimas instituciones radican en sendos edificios de semejante carácter bancario que, situados en la zona que algunos llaman «el Walt Street» habanero, fueron recuperados como exponentes de la arquitectura moderna en los predios del Centro Histórico.
 
La Reunión, su historia
El 20 de mayo de 1853 se establece en la calle Teniente Rey, no. 41, la farmacia La Reunión, nombrada así por sus dueños —la sociedad Catalá, Sarrá y Co.— con el propósito de agrupar en un mismo sitio las farmacias alopática y homeopática

 Constituida por Valentín Catalá, José Sarrá y Catalá, Antonio González y José Sarrá y Valldejulí, la sociedad Catalá, Sarrá y compañía adquiriría definitivamente ese inmueble (Teniente Rey 41), el 23 de diciembre de 1864, al comprárselo a Francisco Armenteros y Calvo.
Cuando en 1865 esa sociedad se disuelve, se crea otra bajo la razón de Sarrá y compañía, que adquiere también la finca 767, ubicada en Compostela número 95 ½ ó 95 A, para colocar sus almacenes.
Tras fallecer don José Sarrá y Catalá en la ciudad de Barcelona, el 10 de diciembre de 1877, queda al frente del negocio su sobrino José Sarrá y Valldejulí, quien sería —hasta 1882— el primer presidente del Colegio Farmacéutico, creado en 1880.
El 10 de marzo de 1882, Sarrá adquiere otras casas anexas a Teniente Rey 41 por la calle Compostela, con los números 83 y 85, ambas pertenecientes al Monasterio de Santa Teresa.
Entre 1882 y 1886 estos inmuebles sufren profundas remodelaciones estructurales. A la botica, droguería y escritorio que ya existían desde 1865 por la calle Teniente Rey y a los almacenes por Compostela, se le agregan áreas de oficinas, producción de medicamentos, etc. Los mobiliarios se remozan y se decoran los mostradores con hermosas vidrieras.
 Hacia 1886, La Reunión era una de las farmacias más elegantes y prestigiosas de la Habana, llegando a considerarse a principios del siglo XX la segunda en importancia en el mundo y la primera en Cuba.
Los productos que aquí se comercializaban y los que se elaboraban —como su famosa Magnesia Sarrá, que obtuvo primer lugar en la feria de Matanzas en 1881— eran de alta calidad. Además, se importaban medicamentos de Francia, Inglaterra y Estados Unidos.
El 15 de octubre de 1898 muere en Barcelona José Sarrá y Valldejulí. El 2 de mayo de 1899 Celia Hernández, viuda de Sarrá, y Ernesto Sarrá forman la sociedad mercantil Viuda de Sarrá e Hijo. El 14 de abril de 1911 muere en La Habana Celia Hernández y Buchó.
En 1912, Ernesto Sarrá adquiere varias casas de la calle Teniente Rey (con los números 35, 56, 58, 60, además de la número 39, donde José de la Luz y Caballero fundara su Colegio del Salvador años antes), de la calle Habana (números 130, 132, 134 y 136) y de Compostela (93, 95 y 99). Junto a los edificios ya existentes, el complejo farmacéutico abarcaría 18 inmuebles para un total de 13 000 metros cuadrados.
Tras esta segunda gran remodelación, la farmacia se reinaugura el 20 de mayo de 1914, a la par que se devela una tarja en recordación a José de la Luz y Caballero en Teniente Rey 39.
Tras el triunfo de la Revolución, a tenor con las leyes de desprivatización, La Reunión es nacionalizada y continuó funcionando hasta que, en 1999, la Oficina del Historiador de la Ciudad decide acometer su restauración y convertirla en Museo de la Farmacia Habanera.
 
La Reunión, su restauración
Tras un minucioso proceso de restauración, se puede apreciar el resultado de este espectacular proyecto que abarcó desde los espacios propios de la farmacia original hasta las áreas interiores de producción, almacenaje y oficinas.


En el proyecto de intervención de la antigua farmacia La Reunión se buscó un balance entre la conservación del valor artístico y documental de la obra, así como la adecuación de la misma a las actuales condicionantes de orden técnico, funcional y ambiental.
Aspecto actual de una sección del local central que servirá como acceso principal al inmueble.
Es por eso –y para mantener una viva y cambiante continuidad en la identidad del lugar– que la primera decisión acertada, previa al proyecto, fue la de respetar, en esencia, la función de farmacia; aun cuando esta podría ser objeto de nuevas formas organizativas, explicó a Opus Habana la inversionista Judith Rodríguez Puentes.
En otras palabras, el proyecto de la farmacia La Reunión no ha supuesto ubicar el inmueble en una determinada época —digamos, su etapa inicial en el siglo XIX— sino todo lo contrario: se ha orientado a rescatar, de cada período, el conjunto de exponentes más valiosos.
El espacio de la farmacia ocupa las tres primeras crujías en planta baja inmediatas a la calle Teniente Rey. Más allá de su función museística, aquí se venderan productos farmaceúticos naturales y tradicionales, especias y plantas medicinales.
En el área principal de la farmacia se halla la vitrina original de 1894 que ostenta el nombre del inmueble, y un estante del siglo XIX con imitaciones de frascos que eran usados para almacenar productos farmacéuticos.
El trabajo de restauración ha sido aplicado con gran rigor, especialmente en las estanterías, mostradores, enchapes y falsos techos. Al momento de la intervención, el estado de conservación de los materiales —en especial de la madera— era regular.
El deterioro podía observarse a nivel de las superficies y, en algunos casos, por la pérdida de piezas completas. Ello requirió de un delicado trabajo de rescate y reposición de los faltantes, basándose en la información de diversas fuentes.
El espacio de venta de la esquina del lote es el principal de toda la farmacia y el más antiguo de los que aún conservan su estado original. No se da el mismo caso para el resto de locales de venta y el acceso al museo, en los que el trabajo de restitución de mobiliario ha sido más extenso, no sin dejar constancia de su momento de fabricación.
En cuanto al resto de los espacios, éstos han sido destinados a las funciones de dispensario, oficinas, almacenes y áreas múltiples de servicio. El almacén de productos terminados y el dispensario mantienen su función inicial; en tanto, las estanterías y muebles se han restaurado, devolviéndoles su imagen original que, a pesar de que no fueron diseñados para ser mostrados al público, poseen un acabado y diseño excelentes.
Vista panorámica del área destinada a museo. En las vitrinas se exhiben objetos que recrean la historia de las farmacias habaneras, muchas de ellos encontrados durante las excavaciones arqueológicas en el Centro Histórico.
A la parte destinada a museo se le hicieron transformaciones relativas a esta nueva función. No obstante, conserva las evidencias fundamentales de su evolución a través de las diferentes épocas. Sobre este local existía un patio que se recuperó durante la presente intervención, al demoler el techo de hormigón armado que lo cubría desde mediados del pasado siglo XX. Seguidamente, se le construyó un lucernario, como suministrador de luz natural y protección contra la lluvia, debajo del cual se colocó un vitral artístico con posibilidad de ventilación natural.
El museo está destinado a mostrar el devenir de las farmacias en La Habana, así como las evidencias arqueológicas que, relacionadas con el tema, han sido encontradas por el Gabinete de Arqueología (Oficina del Historiador) en numerosas casas habaneras. Además, muestra la propia historia de la farmacia La Reunión, así como su proceso de recuperación.
La concepción del museo no es sólo pasiva, en el sentido tradicional de la exposición, sino que en un futuro —como parte del recorrido— el visitante podrá observar el proceso de producción de diversas fórmulas, lociones y cremas, que se realizarán en el dispensario y el laboratorio.
Vista del dispensario que atesora objetos de los siglos XIX y XX como: morteros, balanzas, frascos y estantes para la conservación de los remedios elaborados. Aquí serán preparados medicamentos naturales que comercializará la propia farmacia.
Por motivos de ventilación, el inmueble conservará las puertas abiertas durante el día, lo que supone un atractivo adicional para los transeúntes.
Se puede concluir que la presente intervención en la farmacia La Reunión, no persigue la recuperación exacta de un período específico de ese inmueble, sino la recreación de toda la historia de las farmacias habaneras, incluida —por supuesto— la del legado de los Sarrá. Esta nueva función no sólo se da por los cambios en el modo de organización, sino también por la convivencia de elementos que no necesariamente coexistieron en una misma época y que, sin embargo, mantienen entre sí, armonía y coherencia.

(En la confección de este trabajo se han empleado fragmentos del artículo en preparación para la edición impresa de Opus Habana, del Máster en Arquitectura Abel Tablada, proyectista general de la restauración de la farmacia La Reunión y miembro de la Dirección de Arquitectura Patrimonial, Oficina del Historiador)
 

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