«Almas en el bosque» tuvo por título la exposición personal que de la artista María del Pilar Reyes (Holguín, 1970) acogió el Museo de la Ciudad hace unos años. La muestra evidenció un «lenguaje que nos interpela y transporta a estados líricos del alma».
La obra de María del Pilar emerge de lo más profundo de la imaginación, del lugar donde se guardan los recuerdos más asombrosos, las historias más fascinantes. Son paisajes en los que nunca se romperá el hechizo.

 La Sala Transitoria del Museo de la Ciudad tuvo la oportunidad de acoger recientemente una muestra de la pintura de María del Pilar Reyes Ricardo (Holguín, 1970), titulada «Almas en el bosque». Graduada del Instituto Superior de Arte, esta joven artista ha creado una poética personal donde la principal herramienta es la fantasía. Las figuras animadas de sus obras han renunciado a su diario proceder para quedar ensimismadas con su nuevo destino, que por momentos se torna ilusorio.
Es una pintura donde la atmósfera medieval refuerza esa sensación enigmática que emana de sus representaciones. Pasteles y óleos evocan distintas épocas; en ellos confluye la belleza de varios estilos de la historia del arte. Pero estas referencias han pasado por un fino tamiz, trasmutándose en un lenguaje personal de una fuerte expresividad: lenguaje que nos interpela y transporta a estados líricos del alma.
María del Pilar es considerada una colorista; su paleta explota toda posibilidad cromática. Ésta es una de las características que la distinguen de su generación, insertada en un contexto cultural donde domina cierta tendencia a la monocromía. Los colores que emplea están llenos de significaciones psicológicas, usados con entera seguridad y combinados con increíble soltura.
 «Mis colores –metálicos– van acompañados de un fuerte dibujo, unido a composiciones complejas que nos transportan hacia un futuro ignoto, desde un presente de interioridades síquicas relacionadas con un universo de misterios», comenta la joven pintora.
Las figuras de sus óleos se alargan con un aliento etéreo y espiritual, son –sin duda– seres de naturaleza ilimitada, que habitan en otra dimensión. Ellos conocen del amor: el misterio y el encanto. Personajes de leyendas no contadas flotan junto a la brisa de invierno, no dispuestos a realizar cualquier sacrificio con tal de que sus sueños se hagan realidad.
La propia artista afirma: «Elaboro imágenes que expresan una sublimación de valores estéticos y filosóficos; dadores de vida a las criaturas que habitan los extraños espacios en que la quietud posee movimiento y el tiempo fluye indeterminado».
Su obra emerge de lo más profundo de la imaginación, del lugar donde se guardan los recuerdos más asombrosos, las historias más fascinantes. Son paisajes en los que nunca se romperá el hechizo, donde cada uno de nosotros recordará que nuestra existencia tiene algo de mágico y sobrenatural.
No cabe duda de que María del Pilar podrá ocupar un lugar privilegiado dentro del movimiento plástico contemporáneo. Su originalidad temática y figurativa, así como la calidad técnica de sus composiciones, hacen de su arte un producto único. Esta creadora nos regocija con una obra peculiar: ilustraciones de viejas fábulas, enriquecidas por una incesante creatividad. Esperemos, pues, que las hadas –todavía ocultas bajo la sombra de los árboles– descubran los secretos del pensamiento y la razón.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar