Para la circulación en los campos de Cuba Libre, en 1869 fueron emitidos por el gobierno insurrecto los billetes que ostentaron por primera vez la inscripción de «República de Cuba».
A fines de mayo y comienzos de junio de 1869, se realizó en Nueva York la primera emisión cubana de papel moneda, la cual comenzó a llegar a partir de esa fecha en remesas periódicas a la Isla.

 Durante los días 10 y 11 de abril de 1869, se celebra en Camagüey la Asamblea de Guáimaro, que proclamó como forma de gobierno la República y como presidente de ella a Carlos Manuel de Céspedes. El poder legislativo residió en la Cámara de Representantes. Así quedó estructurado el nuevo gobierno.
El 21 de abril de 1869 la Cámara de Representantes acordó ratificar todas las facultades que el Presidente había conferido a Morales Lemus, precisándole que, sin demora, eran necesarios dos millones de pesos en papel moneda.
La emisión de los billetes a nombre de la República de Cuba trasciende la necesidad de contar con un circulante propiamente cubano, pues representa un acto de legitimidad y nacionalidad.
El 22 de julio de 1869 en el Cubano Libre, que era el órgano oficial de la República en Armas, se publicó el parte gubernativo de la Ley del 9 de julio de 1869, aprobada por la Cámara de Representantes y sancionada por Céspedes, sobre la circulación obligatoria de estos billetes en los territorios liberados.
En esta ley se precisaba que los valores de los billetes de tal emisión corresponderían a las denominaciones de 1, 5, 10 y 50 pesos. Sin embargo, al final, la emisión incluyó billetes por valor de 50 centavos y 100 pesos, hasta alcanzar un valor total de 1 700 000 pesos a un costo de 5 328 pesos con 23 centavos.
Para completar los dos millones de pesos necesarios, se imprimieron billetes de 500 y 1 000 pesos, que fueron grabados por la Junta Central Revolucionaria de Cuba y Puerto Rico, representante en el exterior del gobierno que regía en los campos de Cuba libre.
 La distribución de estos billetes se limitó en ocasiones por las dificultades que encontraba el gobierno insurgente de radicar en una ciudad determinada y la necesidad de comenzar la guerra de guerrillas como medio eficaz de hacerle frente al bien armado ejército español.
No obstante, fue necesario que Céspedes precisara la obligatoriedad de su uso, porque algunos ciudadanos escépticos manifestaban su falta de confianza en ellos.
Céspedes, como presidente, era el responsable de la emisión y de la entrega del circulante monetario, teniendo que justificar mensualmente ante la Cámara los gastos en los cuales se invertiría el dinero de la República. En la medida que proliferaba la guerra, recababa del Presidente mayor responsabilidad y niveles de gestiones que lo limitaban, cada vez más, a asumir todos los requerimientos que imponía la circulación de un papel moneda con carácter permanente.
A esto se sumaba el agotamiento del circulante, por las dificultades que se presentaban con las remisiones de dinero desde el exterior.
Ambas razones fueron, a mi juicio, las que determinaron que la emisión de estos billetes fuera única durante todo este período insurreccional.
En el año siguiente, o sea, en 1870, se acuñaron en plata y cobre monedas en las denominaciones que serían el fraccionario metálico de la emisión de billetes de 1869. De este proyecto de emisión sólo se llegaron a acuñar, en cantidades muy limitadas, los patrones o pruebas, por lo que se conocen hoy como «los patrones de 1870».
En cobre se registran las denominaciones de 5, 10, 20 y 50 centavos y las de un peso. En plata se acuñaron las piezas de 5 y 10 centavos, y un peso. Las denominaciones en plata de 20 y 50 centavos no se tiene información alguna de su existencia.
También existe la incógnita de su lugar de acuñación, que podría ser Potosí, Filadelfia o Providence, pero estudios más recientes se inclinan por la ceca de Potosí.

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