La estatua habanera de Fernando VII fue esculpida por este escultor catalán, de quien apenas existían referencias historiográficas confiables hasta hace muy poco, a pesar de haber alcanzado el grado máximo de autoridad artística de su tiempo: la presidencia de la Academia de San Luca, en Roma, que ejerció desde 1838 a 1840. (Tercera Parte)

Por: Gonzalo Wandosell y Fernández de Bobadilla

Luego de muchos años de enconada polémica, en 1955 el Historiador de la Ciudad de La Habana logró que la estatua de Fernando VII en la Plaza de Armas fuera sustituida por la de Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria. Aquí se ofrece cronología de ese empeño patriótico. (Segunda parte)

Removida tardíamente de su pedestal en la Plaza de Armas, su conservación como reliquia histórica del pasado colonial es un ejemplo fehaciente de las  tensiones entre historiografía y patrimonio histórico-artístico. (Primera parte)

Al penetrar como espectadores en el peculiar universo creativo de esta joven artista, nos atrapan anhelos, conflictos, desgarros, utopías compartibles... a la espera de gratificaciones, podríamos sucumbir ante la capacidad de seducción que es condición inherente a su obra, por excelencia autorreferencial.