«Con cualquier pretexto se formaba una timba o un bailecito, o una timba con baile, o un baile con timba, y para bailar y jugar se escogían lo mismo 195 fechas religiosas que los acontecimientos familiares, locales o insulares; un santo, que un bautizo, una boda, que un velorio» nos comenta en esta ocasión el articulista, quien además hace alusión a la capacidad del cubano para divertirse en todo momento.

 Acerca de la pasión por el baile, «nota sobresaliente del carácter y costumbres cubanos de todos los tiempos y de todas nuestras clases sociales», comenta en esta ocasión el articulista quien, además, cita las reflexiones que sobre el tema hicieran algunos escritores y hasta un viajero de paso por La Habana.

 Aunque con matiz crítico, en este ensayo histórico costumbrista el cronista más allá de censurar lo que pretende es ponderar «la misión y el papel importantísimo y trascendental que las asambleas de verdadera representación popular, funcional, técnica y cualitativa deben desempeñar en los Estados modernos de régimen representativo y republicano».
 Apoyado en el criterio de dos distinguidos abogados el articulista se refiere al que denomina como el «mayor de los relajos»: el de una Constitución inoperante.