En esta ocasión, el articulista se pregunta: «¿Puede encontrarse una línea divisoria, clara y precisa, entre lo moral y lo inmoral?».

En esta ocasión, el articulista afirma: «Ya el médico no necesita, como antaño, para ser buen médico, correr quitrín, usar levita larga y sombrero de copa, adoptar el aire de solemnidad y gravedad, misterioso y reservado».

En este artículo, el columnista destaca cuán «urgida esta nuestra patria, ahora más que nunca, de que el libro, llegando a todas las manos, pelee brava e incansablemente, contra la aguda incultura interna que padecemos y la barbarie anticultural totalitaria que amenaza a Cuba, a América y al mundo».

En esta ocasión, el articulista nos comenta: «Los cubanos odiamos a los árboles y a las flores, con odio inconsciente y estúpido, solo comparable al del niño de uno a dos años que destruye sus juguetes, por hacer algo, ni siquiera para averiguar que tienen en su interior».