Y es el caso que el autor de este artículo, fiel y curioso observador de nuestras costumbres, tanto antiguas como contemporáneas, había, en vano, durante largos años —los mejores ¡ay! de su ya ida juventud— tratado de descubrir, ora revolviendo apolillados infolios, ora estudiando directamente hombres y mujeres de todos los pueblos y regiones de la tierra, para qué servía el matrimonio; pues la solución de ese problema era, a su juicio, el punto de apoyo indispensable y único sobre el que debían basarse las reformas y transformaciones necesarias demandadas, desde tiempo atrás, por nuestra sociedad.

En esta ocasión el articulista nos comenta la experiencia de Chicho, quien en su afán de ser un chiquillo de sociedad recibió una lección como apoteosis de todos sus deseos y anhelos.  

El documento rectoral que permite la instauración oficial de la Cátedra Honorífica Emilio Roig fue entregado al Historiador de la Ciudad Eusebio Leal Spengler por la vicerrectora de la Universidad de La Habana, Rita María Rial, el lunes 27 en el Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana. Adscripta a esta última institución, la cátedra se crea con los objetivos de realizar, apoyar y divulgar trabajos de investigación que tengan como tema la figura de Emilio Roig de Leuchsenring, vinculados con la época en que vivió, su relación con personalidades e instituciones importantes de esa etapa y sus aportes a la historiografía cubana.

En esta ocasión, el articulista asevera: «El tipo del hombre ridículo por excelencia, el prototipo de la ridiculez, es el hombre celoso, superando en ello a las innumerables clases de hombres ridículos que abundan en este planeta: ególatras, tenorios, guapos, Pachecos, etc., etc.».