En esta ocasión el articulista nos comenta la experiencia de Chicho, quien en su afán de ser un chiquillo de sociedad recibió una lección como apoteosis de todos sus deseos y anhelos. 

En esta ocasión, el articulista asevera: «El tipo del hombre ridículo por excelencia, el prototipo de la ridiculez, es el hombre celoso, superando en ello a las innumerables clases de hombres ridículos que abundan en este planeta: ególatras, tenorios, guapos, Pachecos, etc., etc.».

Andar sobre zancos pudo haber servido para identificar a la más alta jerarquía del cabildo afrocubano durante sus festividades públicas.

En esta ocasión, el articulista nos cuenta: «Es el ridículo, como vimos en el artículo anterior, la esencia y sustancia de los celos».